sábado, 17 de octubre de 2009

REFLEXIONES SOBRE LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES

Llevo toda la semana con la intención de escribir sobre los prejuicios contra la literatura escrita por mujeres. Pero ya se sabe: la falta de tiempo, las prisas, luego se cruzó en mi camino Errol Flynn…

El caso es que quería comentar la entrevista a Isabel Allende que salió la semana pasada en MujerHoy, el suplemento que acompaña los sábados a Heraldo de Aragón (y otros periódicos, según creo). Hoy he leído en El Periódico de Aragón la entrevista a Ángeles Caso, flamante ganadora del Premio Planeta. Y en las dos autoras me han llamado la atención varias de las respuestas que dan, porque creo que ponen el dedo sobre la llaga.

Isabel Allende:
Si El amor en los tiempos del cólera, uno de los libros más maravillosos de Gabriel García Márquez, lo hubiera escrito una mujer, quizá lo hubieran tachado de romántico y femenino. Muchas han rebajado el nivel sentimental de sus libros por temor a que los críticos las tacharan de blandas.

Me da rabia que cuando se habla de literatura a secas se asume que está escrita por un hombre blanco. Y todo lo demás necesita adjetivos: literatura infantil, literatura china, literatura femenina... Mucha crítica es terriblemente machista. Siendo mujer es más difícil ser publicada, ser tenida en serio, ser estudiada en las universidades
.

Ángeles Caso:
Los hombres son los que marcan la pauta de la cultura. El problema es que nosotras nos hemos dejado atrapar en esa trampa porque, presumiblemente, la mirada valiosa es la de ellos. Pero me niego a que por ver el mundo como mujer mi literatura sea considerada noña, cursi y sentimental.

Cuando publiqué mi primer libro, una persona muy conocida en el mundo del rock, nada sospechosa de conservadurismo, me dijo que por norma no leía libros de mujeres. Eso es un prejuicio tan absurdo como si yo dijera lo contrario. Pero un hombre puede decir estas cosas y nadie se rasga las vestiduras.

Bueno, pues ahí va mi propia experiencia: Yo debuté en el año 2003 con una novela de alto contenido erótico, La vida en cuarto menguante. Como ya sabréis los que soléis pasar por aquí, narra la historia de amor entre una mujer madura acomodada y un pescador de veintidós años que se prostituye para completar sus magros ingresos. El libro funcionó muy bien dentro del ámbito de distribución de una editorial modesta, aunque de trayectoria honesta y reconocido prestigio, como es Onagro (antes Zócalo). Quienes más lo leyeron y se entusiasmaron con él fueron mujeres. Porque la mayoría de los hombres - y de eso me di cuenta sobre todo en las ferias del libro - solían ignorar una historia de amor cuya autora era una mujer. Cuando les contaba a los que se detenían ante la caseta, que los personajes eran una cuarentona y un joven que podría ser su hijo, murmuraban una excusa y se iban. O compraban el libro para su esposa, su novia, alguna amiga. Muy pocos se lo llevaban para ellos. Aunque en ferias posteriores, algunos de esos señores se acercaban y me comentaban que su esposa, novia, amiga les había insistido en que leyeran el libro, y que les había gustado. Pero creo que en general, los hombres siguen considerando este tipo de historias como un devaneo femenino. Las fantasías erótico-festivas de una señora madura. Y estoy convencida de que si leen eso mismo – o sea, el amor entre una mujer madura y un hombre joven – narrado por un hombre, seguramente lo considerarán desde el principio literatura de la buena. Pero cuando una mujer escribe sobre ello, su producto tiene muchos boletos para ser tachado a priori de novela rosa y cursi, o incluso de desahogo de mujer insatisfecha.

Por supuesto, no todos los hombres tienen esos prejuicios. Ha habido muchos que han leído La vida en cuarto menguante y mis siguientes novelas porque les apetecía. Mi propio marido, que es mi primer crítico y también el más duro, disfruta con ellas y siempre me ha animado a escribir como escribo. Es decir, dando importancia a los sentimientos desde mi punto de vista, que es el de una mujer. También quiero destacar que han entrado (habéis entrado y seguís haciéndolo) muchos hombres en este blog después de haber leído Días de menta y canela. Pero, por desgracia, sigue habiendo un alto porcentaje que considera la literatura de mujeres como de inferior calidad y piensa, como apunta Ángeles Caso, que nuestro enfoque es cursi y sentimental (¿por qué siempre damos un sentido tan peyorativo a este adjetivo?).

Al igual que aún ocurre en muchos ámbitos de la sociedad (aunque, sin duda, hemos mejorado en las últimas décadas), a las escritoras nos sigue resultando más difícil que nos tomen en serio. Y, ojo, también hay mujeres que tachan de rosa, o directamente de ñoño, lo que escribimos otras mujeres cuando profundizamos en el amor o en los sentimientos en general. Y creo que es cierto lo que afirma Isabel Allende, de que muchas autoras rebajan el nivel sentimental de sus novelas para que sus libros entren dentro de la categoría de la literatura considerada "seria". Como si el amor, el erotismo, los sentimientos en general, no fueran algo muy serio. ¿Acaso no son el motor de nuestras vidas y lo que nos hace seguir adelante cuando las cosas vienen mal dadas? Entonces, ¿por qué avergonzarnos de ser como somos y de escribir como escribimos? Yo, desde luego, no creo que las escritoras debamos adoptar estereotipos masculinos para que nos respeten. Y pienso seguir dando cancha al amor, al erotismo y a los sentimientos en mis historias. Y si eso es rosa, pues bonito color.

miércoles, 14 de octubre de 2009

LEOTARDOS VERDES

En realidad tenía pensado escribir sobre otra cosa. Pero he leído en El Mundo que hoy se cumplen 50 años de la muerte de Errol Flynn, el actor que mejor lució los leotardos verdes en todo Hollywood y parte del cine mundial. ¿Y cómo no voy a homenajear aquí a ese inolvidable guaperas de estupendas piernas, si hasta le mencioné en La vida en cuarto menguante?

Extracto de La vida en cuarto menguante:

Cuando Pablo irrumpió en la cafetería, mirando a su alrededor con cara de andar buscando a alguien, o de haberse perdido, me acordé de Jesucristo Superstar. La película. No es que Pablo fuera un calco de Ted Neilly, aquel actor guapetón del que nunca más se supo. Pero sí tenía el mismo aire visionario. Los ojos claros, de tono indeciso. Como de no saber si de mayores querían ser verdes o azules. Y la melena barriéndole los hombros en perpetua disyuntiva cromática. Ahora diría que era de color castaño rojizo. Pero aquella tarde debió de iluminarla algún rayo de sol desde una de las ventanas. Porque me pareció rubia. Pablo se acercó a nuestra mesa, me miró y sonrió hasta tocar las orejas con las comisuras de los labios. En la charca de sus ojos chapoteaba un aura de exuberancia mística que le convirtió al instante en Robin Hood. El genuino de Errol Flynn. Sólo que Pablo no llevaba leotardos verdes. Ni arco. A los treinta descubrí que el toque místico de su mirada se debía a que bizquea ligeramente del ojo izquierdo. Pero para reparar en esos detalles, hay que dejar de amar.

Recordemos, pues, a Errol Flynn y sus leotardos verdes en el Robin Hood de 1938 dirigido por Michael Curtiz, para mí la mejor versión de todas las que se han hecho sobre este personaje.

viernes, 9 de octubre de 2009

IMAGINE

Como no me apetece nada comentar el Nobel de la Paz de Obama, prefiero hablar de John Lennon. He oído esta mañana en la radio que hoy, 9 de octubre, habría cumplido sesenta y nueve años. ¿Y si escuchamos en su memoria Imagine, la canción de los soñadores?


jueves, 8 de octubre de 2009

PREMIO NOBEL DE LITERATURA: AND THE WINNER IS...

Han dado del Premio Nobel de Literatura a la escritora alemana, nacida en Rumanía, Herta Müller. No he leído nada de esta señora, así que me abstengo de hacer comentarios sobre su obra. Sólo diré que mi favorito era Philip Roth. No porque creyera especialmente en sus posibilidades. En esto del Nobel nunca sé muy bien por dónde van los tiros. Mi apuesta se debía más bien a que me gusta mucho cómo escribe. Pero ya sé que mis gustos van a su aire. En el supermercado, cuando hay algún producto que me encanta, tarde o temprano lo retiran de las estanterías. Si una temporada busco un tipo concreto de prenda, me dicen en las tiendas que no se lleva. Y si apuesto por un determinado autor que opta a un premio, es casi seguro que se lo darán a otro. Vamos, que si se entera el señor Roth de que hice fuerza mental para que se llevara el Nobel, igual me manda un emisario con el ruego de que por favor deje de gafarle.

(La fotografía de Herta Müller es de AFP y la he tomado e El País. La de Philip Roth es de www.randomhouse.com)

miércoles, 7 de octubre de 2009

DIVAGACIONES Y UNA CITA (EN REALIDAD, DOS)

Estoy leyendo ahora (a un ritmo más lento de lo habitual, porque ando liada y me cuesta encontrar un rato tranquilo para leer) Un jardín de placeres terrenales de Joyce Carol Oates. Es el retrato de una mujer nacida en el seno de una familia empobrecida durante la Gran Depresión, que con astucia logra ascender en la escala social. Me gusta cómo describe Oates las condiciones de vida de aquellos jornaleros que viajaban por el país en camionetas o autobuses cochambrosos para trabajar en la recolecta de frutas u hortalizas, y cómo se recrea en el retrato de los personajes. Hay quien echa en cara a esta autora que es lenta, pero a mí me gusta esa lentitud, que aquí no es falta de ritmo, sino la descripción minuciosa de una época que arrasó muchas vidas. A veces, mientras voy leyendo, me imagino las caras de los personajes como las de los jornaleros que retrató Dorothea Lange durante la Gran Depresión.



Y como soy tan aficionada a subrayar frases o párrafos que me llaman la atención, he encontrado uno que no me voy a privar de citar. En realidad, no pertenece a la novela, sino al postfacio que escribió la autora en 2002 para la reedición de Un jardín de placeres terrenales dentro de la colección Modern Library:

… un trabajo literario es una especie de nido: un nido cuidadosa y arduamente tejido de palabras que incorpora trozos y fragmentos de la vida del escritor dentro de una estructura imaginada, de la misma manera que el nido de un pájaro incluye todo tipo de cosas del mundo que existe más allá de nuestras ventanas, y en él se entretejen de forma ingeniosa.
Todos sabemos que una novela es ficción, pero ¿quién no se ha preguntado alguna vez mientras la lee, cuánto de lo que narra el autor podría estar sacado de su propia vida? Yo antes lo hacía mucho. Confieso ese pecadillo. Y es que cuando el autor, además, es famoso y se conoce su biografía (al menos, la oficial), resulta muy tentador establecer paralelismos entre lo que nos es está contando y lo que creemos que fue su vida.

Con el tiempo, conforme me fui adentrando en esto de escribir, me fui dando cuenta de que las primeras novelas casi siempre son muy autobiográficas y, por suerte, casi nunca son publicadas. Después, cuando por fin nos hemos desahogado de nosotros mismos, nos distanciamos de nuestras vidas y nos ponemos a inventar sin trabas. Aunque, como dice la señora Oates, siempre se van colando fragmentos de nosotros mismos en las historias que tejemos y en sus personajes. A veces, ni nos damos cuenta. Pero ahí están.

Y cuando la novela está en la calle, es cuando les toca a los lectores preguntarse lo que me preguntaba yo antes: si ese parte tan impactante de la novela, o esa escena tan erótica que hace latir el corazón más deprisa, o esa calamidad que golpea a los personajes, está basada en la biografía del autor. Bueno, pues en este punto cito a Alonso Cordel, poeta y profesor de un taller de escritura al que asistí hace años, que siempre nos decía que no hay que diseccionar las novelas para averiguar qué es autobiográfico y qué no, porque les resta misterio y las desvirtúa.

Pero, ¿y lo que disfrutamos los lectores siendo morbosillos?

lunes, 5 de octubre de 2009

RECORDANDO A MERCEDES SOSA

Recordando a Mercedes Sosa (aquí con Horacio Guaraní) y un puñadito de sueños de la edad de la inocencia.

viernes, 2 de octubre de 2009

AY, ESOS MÓVILES

Últimamente, la gente nos metemos con el móvil encendido a todas partes. Y luego pasa lo que pasa. Que el artefacto suena a todo volumen en el momento y el lugar más inoportuno. En un concierto, dentro de la consulta del médico, en mitad de un entierro, cuando visitamos a un enfermo en el hospital, o incluso en el teatro. Como ocurrió el otro día en la obra que representa el cachas Hugh Jackman en Broadway (link artículo), junto a otro cachas algo más bajito: el chico Bond Daniel Craig. Al sonar el teléfono, Jackman pilló un rebote épico porque ese chisme le estaba chafando su escena de gloria y se encaró con el dueño del móvil, que prefirió mantenerse achantado por si las moscas.

Me imagino al señor rojo como un tomate y encogido cual gusanillo en la butaca, mientras sus manos apagan el teléfono a escondidas para que nadie descubra que él es el culpable de la interrupción. Seguro que la próxima vez que vaya al teatro, se acordará de apagar el móvil o de ponerlo en silencio.

martes, 29 de septiembre de 2009

30 AÑOS DE TRICICLE

De vez en cuando, los periódicos incluso traen noticias para sonreír. O para reír. Risa de la buena. Como la noticia que dice (El País) que este año se cumple el trigésimo aniversario del grupo TRICICLE. Y que lo celebrarán con un nuevo gag en el que repasan su historia, además sacarán la "enciclopedia TRICICLE" y repondrán Garrick en el Poliorama de Barcelona, espectáculo que incluirá al final ese nuevo gag recopilatorio.

Espero que preparen también una gira como aquella que celebraba los 25 Años. Y si no, habrá que hacer lo posible por verles en Barcelona. Porque reírse a mandíbula batiente con estos chicos quita las penas.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

A PROPÓSITO DE SAN PHOTOSHOP

He leído hoy en El Mundo digital que en Francia han propuesto una ley “para luchar contra lo que consideran una imagen deformada del cuerpo de las mujeres”. La parlamentaria Valérie Boyer y otros cincuenta compañeros de armas han presentado una propuesta de ley para que en el futuro, cuando se publiquen en cualquier medio fotos alteradas por la varita mágica de San Photoshop, éstas lleven una advertencia que diga: “Fotografía retocada para modificar la apariencia física de una persona”. Y lo primero que me viene a la cabeza es: ¿Merece algo tan frívolo como el Photoshop que se le dedique una ley que regule su utilización?

A priori, a mí el Photoshop no me parece tan terrible. Al menos, si se aplica con mesura. Cuando me decido a ir hacerme una foto de estudio con miras a la solapa de un libro, siempre agradezco que el fotógrafo, un chaval muy profesional y motivado, le pase un poquito de Photoshop al resultado final. No me quita veinte años, ni siquiera dos; tampoco me convierte en alguien que no soy, pero la fotografía luce más bonita y el libro lo agradece.

Claro, otra cosa son esas fotos más que retocadas que publican algunas revistas del “corassón”, en las que señoras a punto de traspasar el umbral de la tercera edad lucen más jóvenes que sus hijas veinteañeras, o donde la criatura más voluminosa del mundo acaba convertida en una etérea sílfide y las que ya son guapas parecen diosas recién bajadas del Olimpo. Pero no creo que a estas alturas nos engañen con esos retoques. Siempre seguiremos debatiendo, con mucha maldad, dicho sea de paso, si la Barbie de turno es así o la han pasado por el Photoshop. Y seguiremos concluyendo que la han pasado por el Photoshop, pero además a lo bestia.

Esta historia de avisar que las fotos han sido retocadas me recuerda a las advertencias apocalípticas que adornan los paquetes de cigarrillos. Esas que dicen que fumar es perjudicial para la salud y amenazan al fumador con mil enfermedades y una muerte terrible. Pero los fabricantes siguen produciendo tabaco y vendiéndoselo a los fumadores. El negocio es el negocio. Eso sí: ¿y lo bien que quedan las cajetillas con esos avisos? ¿Y lo limpia que tienen la conciencia los que discurrieron esa medida? Y además, sin despeinarse ni un pelo, porque siempre es más fácil detenerse en la superficie que meterse en honduras. Pues igual de a gusto se van a quedar los promotores de esta ley para regular el uso del Photoshop, si es que prospera. No servirá para nada, y las que convierten esos cuerpos tuneados en ejemplos a seguir, lo harán igual que antes. Pero los artífices de la ley quedarán como reyes.

Y seguro que una ley tan lucidora llegará tarde o temprano a España. Pero que sepan que aquí los de a pie, o las de a pie, porque las mujeres somos más malas para estas cosas, seguiremos afirmando en las conversaciones, sin necesidad de que las fotografías vengan acompañadas de advertencias superfluas, que fulana o mengana ha sido retocada con Photoshop porque al natural es un adefesio de lo peorcito. Y nos sentiremos reconfortadas en nuestra infinita maldad. Porque cuando pensamos que los ricos y famosos y guapos también tienen sus miserias, las nuestras se vuelven más llevaderas.


martes, 22 de septiembre de 2009

CITA

Esta frase de Gabriel García Márquez la leí el domingo en XL Semanal, en un artículo que habla de la biografía "definitiva" del escritor colombiano: Gabriel García Márquez, una vida, escrita por Gerald Martin y que será publicada en Debate.

Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta.

Por cierto, bonito estudio el de GGM. Envidio lo ordenadito que lo tiene. El mío está invadido por hordas feroces de libros, manuscritos que voy imprimiendo para revisar, carpetas donde guardo la documentación que recopilo para las novelas y algún que otro trasto inútil. Un desastre lo mío.

(La fotografía de Marcelo Salinas la he tomado de XL Semanal).

sábado, 19 de septiembre de 2009

MÚSICA Y POESÍA PARA EL FIN DE SEMANA

Hoy Alfonsina Storni y Pasión Vega para relajar el fin de semana.

Yo danzaré en alfombra de verdura,
Ten pronto el vino en el cristal sonoro,
Nos beberemos el licor de oro
Celebrando la noche y su frescura.

Yo danzaré como la tierra pura,
Como la tierra yo seré un tesoro,
Y en darme pura no hallaré desdoro,
Que darse es una forma de la Altura.

Yo danzaré para que todo olvides
Y habré de darte la embriaguez que pides
Hasta que Venus pase por los cielos.

Mas algo acaso te será escondido,
Que pagana de un siglo empobrecido
No dejaré caer todos los velos.


miércoles, 16 de septiembre de 2009

¡INMENSO COHEN!



Anoche actuó Leonard Cohen en Zaragoza. No voy a escribir aquí una crónica, porque en Heraldo y en El Periódico de Aragón ya resumen perfectamente un concierto memorable al que asistimos tres mil personas. Fue impresionante ver sobre un escenario a este señor de setenta y cinco años, que parecía hallarse en perfecta forma física y vocal, entregándose al máximo durante tres horas. Sin dar muestras de cansancio en ningún momento. Como él mismo dijo (más o menos): “No sabemos cuándo nos volveremos a ver, así que hoy vamos a darlo todo”. Y lo dieron todo él, las chicas del coro y los músicos, que eran todos buenísimos. El guitarrista zaragozano, Javier Mas, es un monstruo. No me extraña que Cohen hiciera lo posible por ficharle, según leí en un periódico.

Fue sencillamente sublime oír a Cohen cantar en directo las canciones de mi adolescencia: Suzanne, So Long, Marianne, Like a Bird on a Wire… y también las más recientes. Cuando cantó First We Take Manhattan, ya en los bises, todos nos pusimos en pie y los más lanzados corrieron a colocarse delante del escenario, donde acabaron apretujados como sardinas en lata. Los flashes de las cámaras surcaban el pabellón como racimos de relámpagos.

Sencillamente sublime. Y es que los artistas de verdad como él se crecen sobre el escenario, un sitio peligroso para los mediocres porque deja al descubierto sus limitaciones.

¡Inmenso Cohen!

martes, 15 de septiembre de 2009

"DIRTY DANCER"

Hoy viene en los periódicos la noticia del fallecimiento de Patrick Swayze, el actor y bailarín que fue ídolo de jovencitas - y no tan jovencitas - en la década de los ochenta. Yo no llegué a ser admiradora suya porque no era mi tipo, aunque me caía bien. Y sin lugar a dudas, tenía un cuerpo serrano que alegraba la pestaña. Sobre todo en Dirty Dancing. Ay, ese salto felino desde el escenario al final de la película...

Me ha dado mucha pena leer que le detectaron el cáncer de páncreas justo cuando volvían a irle bien las cosas, después de una larga temporada de fracasos y alcohol. Ya se que la muerte no pregunta si llega en buen momento o no. Pero... menuda putada.


¡Y ESTA NOCHE VIENE LEONARDO!

domingo, 13 de septiembre de 2009

SIN PERDÓN

Anoche echaron en la tele Sin Perdón de Clint Eastwood. Es una de esas películas que no me cansaría de ver una y otra vez. Por muchas razones. Por la historia. Por la interpretación de los actores. Por su impresionante sobriedad de tragedia shakespeareana. Por los magistrales diálogos. Como ayer cenamos fuera y no me acordé de ponerla a grabar, sólo pude ver un trozo al final. No importa. Volverán a programarla.

Hay una frase que me impresionó cuando vi la película por primera vez. Y las siguientes, también. Es cuando el Duro Clint le dice al aprendiz de pistolero eso de "Matar a un hombre es algo muy duro. Le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener". Siempre me ha parecido un pedazo de frase dentro de una gran película. De esas frases envidiables que me gustaría haber escrito en alguna de mis novelas.


jueves, 10 de septiembre de 2009

POR SEPTIEMBRE

Cuelgo hoy este poema de Luis García Montero que ha enviado Samuel. Gracias de nuevo.

Por septiembre...

Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.

Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.

Y como seguimos en septiembre, añado Le vingt-deux de septembre de Georges Brassens.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

DE NUEVO LARSSON



¡Pero qué vaga estoy todavía! Aunque este comienzo de septiembre presente todas las propiedades habituales de este mes, o sea, síndrome postvacacional, invasión de fascículos, vuelta al cole, avalancha de novedades literarias en las librerías, peleas de famosuel@s…, el maldito calor persiste y le quita a una las ganas de tener ganas, como dicen los admirados chicos de Gomaespuma.

Así que, seguiré hablando de Stieg Larsson, que da mucho de sí. Ahora ha sido galardonado por el Consejo General del Poder Judicial con el V premio a la labor más destacada contra la violencia de género. Premio que vendrá a recoger a España la que fue su pareja,
Eva Gabrielsson.

Artículo en El País

Y digo lo mismo de siempre: lástima que el pobre hombre no pueda disfrutar de su grandísimo éxito. Si hasta el mismísimo Mario Vargas Llosa dedicó el pasado domingo a Millenium un extenso artículo lleno de entusiasmo en El País.

Artículo de Vargas Llosa

Para mí (entiéndase que esto es mi opinión subjetiva), el mejor libro de la trilogía sigue siendo el primero, que me leí con auténtico frenesí en un fin de semana durante el que no hice caso a nadie, y cuando lo terminé me había convertido en otra fan más de Larsson. Es una pena que con el segundo me quedara más bien fría. Y ahora ando por algo más de la mitad del tercero y se me está haciendo pesado. Demasiados personajes con nombres muy parecidos. Demasiadas descripciones y explicaciones tediosas con exceso de longitud. Demasiadas reuniones de los periodistas de Millenium y de fuerzas del orden, que son reproducidas con un detalle abrumador para mi gusto. Y no cuento más para no chafar el libro a quien no lo haya leído aún, o esté ahora en ello.

No digo que La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire no sean novelas entretenidas, que lo son. Y sigo admirando la rica imaginación de Larsson. Pero para nada me han despertado el entusiasmo de Los hombres que no amaban a las mujeres. Yo me habría quedado tan a gusto leyendo sólo el primer libro (eso sí: sin ese epílogo dedicado a la Salander). Me da la impresión de que la fórmula (una fórmula excelente, por otro lado) no daba para tantas entregas. Y dicho esto, espero que no me lapiden los superfans de Millenium.

Por cierto, estoy disfrutando más leyendo a Larsson en alemán que en español. No sé si se debe a la traducción, o a que el alemán parece pegarles más a unos personajes suecos, pero el caso es que empatizo más con Blomqvist, Sallander y compañía hablando en alemán. ¡Qué cosas!


El vídeo de hoy no tiene nada que ver con el contenido del post, pero me apetecía colgar algo de Miles Davis, un señor cuya música a veces me pone de los nervios y otras me parece sublime, según el grado de desmelene al que se entregue el caballero. El tema es Blue in Green del álbum Kind of Blue, que Davis grabó hace "sólo" cincuenta años con “Cannonball” Adderley, John Coltrane y Bill Evans, entre otros. Música ideal para escuchar con nocturnidad (pero sin alevosía).

sábado, 5 de septiembre de 2009

¡PERO QUÉ PEREZA DA SEPTIEMBRE!

Últimamente me da mucha pereza el mes de septiembre con sus rituales, a veces un poco tontos, que se repiten cada año. Primero viene el trago de volver a habituarnos a la rutina de siempre después de las vacaciones. Algo que sería normal y llevadero si en este mes no nos dieran tanto la brasa con el dichoso “síndrome postvacacional”. ¡Qué manía con los síndromes! Como si fuera algo patológico que nos acordemos con pesar del viajecito que hicimos en agosto, o de los días de vagancia que pasamos en la playa o en el pueblo. ¿No es perfectamente normal que a los seres humanos nos guste más la buena vida que estresarnos trabajando? Pues que nos dejen rumiar el mal humor tranquilos, sin sacarnos los colores con un síndrome tan tonto.

Luego está el ritual de esos fascículos rarísimos que inundan los kioskos en cuanto llega septiembre. Colecciones de instrumentos en miniatura, vajillas de porcelana con la imagen de una gatita que gusta mucho a las niñas (lo juro; he visto esta mañana el fascículo de las tazas para el desayuno), grandes batallas de la historia, cursos de inglés o de baile de salón, casitas de muñecas. Casi todos estos coleccionables desaparecen como por arte de magia pocas semanas después de su aparición. ¿Habrá alguien en el mundo mundial que siga comprándolos después de la tercera o cuarta entrega? Yo no conozco a nadie.

También me agobia lo suyo la publicidad de la vuelta al cole, con esos niñitos vestidos como para desfilar en una pasarela de cursis. No sé, será que estoy desentrenada porque mi hijo hace años que dejó de ser niño, pero viendo los anuncios de la vuelta al cole en los grandes almacenes, me pregunto si habrá alguien en el mundo mundial que envíe a sus criaturas al colegio de esa guisa.

Y para completar la hartazón, este año está la matraca de la gripe A, informándonos y contando muertos en un tono catastrofista que pone los pelos de punta y recuerda a esa película sobre el ébola que interpretó Dustin Hoffman en horas bajas. Si tan mala va a ser esta gripe, no creo que nos protejan de la pandemia sacando a todas horas en los telediarios el proceso de fabricación de los antivirales y las imágenes de gente ataviada con mascarillas. Eso sólo sirve para asustar.

Menos mal que ahí están Belén Esteban y la Campanario para amenizarnos este mes tan raro con sus escaramuzas. Encima ahora, para mantenerse al día de tan instructivas refriegas, ya no hace falta ni comprarse las revistas del corazón o empaparse de Hola y Lecturas en la peluquería, porque en los periódicos y las televisiones siempre hay algún rinconcito destinado a hablar de sus peleas. Lo que cunden estas chicas.

¡Pero qué pereza me da septiembre!

(Y para que no sea todo frivolidad, cuelgo la versión de Django Reinhardt de September Song:)

lunes, 31 de agosto de 2009

ON THE ROAD AGAIN

Ya estoy de regreso después un mes entero en “off”. Hay que ver lo corto que se hace agosto. Nos pasamos julio tachando los días que faltan para irnos de vacaciones y luego se pasan en un suspiro. En fin, qué le vamos a hacer. We are on the road again.

Este año mis vacaciones han sido de playa y descanso, por lo que vengo con las pilas bien cargadas. He disfrutado del sano deporte de “hamaca-reading” con vistas al Mediterráneo, que me ha permitido reducir la pila de libros pendientes de leer. He hecho “tumbing” en la playa y he cuidado el estómago comiendo cosas ricas. Pero no sólo he hecho el vago. También he nadado en una estupenda piscina de agua salada (soy nadadora de corralito y no me atrevo a adentrarme en el mar). Y, para no ser original, porque eso de ser original al final resulta ser una vulgaridad, este verano me he echado al cuerpo – mejor dicho, a la mente – la segunda entrega de Millenium de Stieg Larsson, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Aunque confieso que me ha decepcionado comparada con la primera, que me tuvo enganchadísima todo un fin de semana. Cierto que el arranque de Los hombres que no amaban a las mujeres también es lento (creo que los comienzos no eran el fuerte de Larsson), pero es que en la segunda entrega es muy lento y cuenta cosas que son irrelevantes para el resto de la trama. Y en contraste con la complejidad de personajes que ofrece el primer tomo, con las enrevesadas relaciones entre ellos y los siniestros pasados que van saliendo a la luz, el modo en que Larsson desarrolla la trama en el segundo libro me pareció muy deslavazado. A veces hasta tuve la impresión de que todo resulta un poco traído por los pelos. Pese a lo dicho, me lo leí muy a gusto en mi hamaca, aunque no me despertó la sana envidia que sentí ante Los hombres que no amaban a las mujeres y creo que no alcanza la calidad del primero. Pero ya se sabe que esto es cuestión de gustos, como todo. Conozco a gente que prefiere el segundo libro al primero.

De todos modos, durante las vacaciones entré en una librería de Girona (cuando voy de viaje, no puedo pasar por delante de una librería sin meterme a curiosear) y lo primero que vi fue el habitual tenderete Larsson, con la diferencia de que aquí también tenían ejemplares en alemán. Acabé sucumbiendo y adquirí La reina en el palacio de las corrientes de aire, que en alemán se llama Vergebung (Absolución). Qué capacidad de síntesis, ¿no? Los títulos de las entregas anteriores son Verblendung (Obcecación) y Verdammnis (Perdición). Desde luego, no hay nada como la concisión. Y no como aquí, con esos títulos kilométricos que les han puesto, que antes de pedirle un ejemplar de Millenium al librero, tenemos que inspirar muy hondo por si nos quedamos sin aire a mitad. Bueno, de momento, este tercer libro arranca con más brío que los anteriores y me está gustando más que el segundo. Veamos en qué queda.

Ah, y una recomendación de final de verano: Un asesino irresistible de Juan Bolea, la cuarta entrega de la serie de la investigadora Martina de Santo. A mí me tuvo estas vacaciones enganchadita en mi hamaca. Es un libro muy bien escrito, entretenido y con una intriga muy bien pergeñada, como todas las de Bolea. De los que gustan a todo tipo de lectores.


¡Feliz rentrée a tod@s!

sábado, 1 de agosto de 2009

CERRADO POR DESCANSO ESTIVAL

Cierro el blog durante este mes de agosto para reabrirlo en septiembre con las pilas bien cargadas. Y me despido con un sensual bolero de Benny Moré, de esos que sugieren bailes agarraditos en noches tropicales bajo la sonrisa de la luna llena.

Nos leemos en septiembre.

Sed buenos... pero no demasiado.

jueves, 30 de julio de 2009

UNA WEB FRANCESA RESEÑA "DÍAS DE MENTA..."

La web francesa EL PINGÜINO ha reseñado Días de menta y canela. Esta página pertenece al programa de radio homónimo que se emite en París y su región, y ofrece información relacionada con la cultura española. Según palabras recogidas de la propia web, que lo definen mejor que yo: EL PINGÜINO es el programa de radio de la nueva escena musical y cultural hispana. Este programa existe desde septiembre del año 1989 y es emitido en directo en Paris y su region sobre ALIGRE FM 93.1 cada domingo de las 22h00 a las 00h00.

Por supuesto, me hace mucha ilusión. Copio los enlaces y, más abajo, la reseña. Ya perdonaréis que no la traduzca, pero mi francés no da para tanto.

RESEÑA DE DÍAS DE MENTA Y CANELA


ARCHIVO DE PINGÜILIBRO

Commentaires:

Il y a des livres dont le titre et la couverture parviennent à vous convaincre bien avant de lire la quatrième de couverture : c’est de ces livres là dont je me méfie le plus car plusieurs fois je me suis retrouvé très déçu. Avec un titre si mystérieux et si poétique que « Dias de menta y canela », mêlant deux parfums sucrés avec un zeste d’intrigue, Carmen Santos avait su me tenter et j’avoue que la tentation m’a conquis. S’il est vrai que son récit simple mais si habilement mené est sans prétentions pharaoniques, son écriture le rend captif, intriguant et délicieux à savourer.

En plein Noël 2003, on retrouve à Düsseldorf en Allemagne le cadavre d’un ancien immigré espagnol dans un appartement où la pauvreté et la misère règnent sans aucune explication. On retrouve le cadavre d’Hector Laborda assis sur un fauteuil mitteux avec sur ses genoux une vieille Bible avec le psaume 51 souligné et près de lui une bouteille de cognac espagnol datant de 1961 non entamée. Le fait divers relaté dans un journal allemand va parvenir à Clara Rosell à Valence en Espagne. Cette jeune femme portant plutôt bien sa quarantaine a décidé de reprendre une activité et se lance dans le journalisme où elle doit tout prouver. A la lecture de ce fait divers, elle décide d’enquêter tout en se rappelant qu’elle-même a fait partie avec sa famille de l’émigration espagnole qui a atterri en Allemagne. Dans la recherche des circonstances mystérieuses de la mort d’Hector Laborda, Clara va devoir voyager en Allemagne accompagnée du fils du défunt qui méprisait son père. Hector fils va découvrir ce qu’il a toujours voulu laisser de côté et c’est ainsi que les deux personnages vont se voir plonger dans une aventure bien loin du simple aller-retour qu’ils avaient imaginés à leur départ.

Dans un style toujours aussi impeccable, Carmen Santos confirme le talent qu’elle avait déjà montré dans « La cara oculta de la luna ». Son récit est très bien mené et elle parvient à nous plonger dans une intrigue entremêlée par des flashbacks sur l’histoire de l’immigration espagnole. On note certains passages quasi autobiographiques lorsqu’on connaît la biographie de l’auteur. A travers un personnage attachant car très réaliste par sa condition de femme d’une quarantaine d’années qui vit de ses complexes mais aussi de ses envies, Carmen santos nous plonge à la fois dans une très belle intrigue mais également dans une passion qui dépasse la propre Clara. Parfois l’histoire se répète, parfois un livre avec un si joli titre et une couverture si tentante parvient à combler mes envies de littérature : la surprise en vaut bien la peine. Laissez vous tenter…

Roberto.

martes, 28 de julio de 2009

MÁS FRIVOLIDADES TONTAS... AHORA EN EL MAR

A mí este verano tan caluroso me está afectando directamente a las neuronas. De lo contrario, ¿cómo se puede explicar que me haya acordado de aquella serie de los años setenta y ochenta llamada Vacaciones en el mar (Love Boat en versión original)? ¿No es eso un síntoma inequívoco de deterioro estival de las neuronas?

Los más mayorcitos, o sea, los de mi quinta, seguro que recordaréis al capitán Stubbing y sus bermudas (ahora que lo pienso, toda la tripulación masculina de ese barco del amor llevaba bermudas y calcetines blancos), al médico gafotas, al camarero Isaac, al sobrecargo que tenía cara de empollón, a esa chica rubia que era relaciones públicas y no paraba de sonreír con exceso de almíbar, y a todos los secundarios, actores con mayor o menor solera, que eran repescados por los del casting para interpretar a esos turistas que siempre empezaban el crucero con algún problema y salían con los malos rollos resueltos, algunos hasta llevando un ligue del brazo y sonriendo amplias sonrisas blancas de Profidén, como se decía antes. Y cómo les gustaba a los pasajeros cenar en la mesa del capitán, ellos vestidos con sus mejores galas y ellas rebozadas enteritas en lentejuelas como croquetas con tropezones de glamour. Un mundo feliz puro y casto. Se nota que eran tiempos anteriores a Sexo en Nueva York o Los Soprano, por poner algún ejemplo de última hornada.

Y para que veáis que lo de mi deterioro neuronal va muy en serio y no me da para sesudeces hasta que llegue el otoño, cuelgo un vídeo con los créditos de un episodio en el que, mira por dónde, salía Dana Andrews, el duro policía de Laura de Otto Preminger (hay una excelente reseña de este peliculón en el blog de cine 39escalones). Aquí ya lucía canas y sonrisa a toda máquina (por cierto: fijaos en cómo sonríen a la cámara los actores invitados; no tiene desperdicio). Huelga decir que prefiero recordar al señor Andrews en sus papeles del cine negro de los años cuarenta. Pero así es la vida de los actores cuando se les pasa el tiempo de gloria. Como la de cualquier ser mortal que debe buscarse los garbanzos cómo y donde sea.

¡Pero qué malo es este calor!


miércoles, 22 de julio de 2009

FRIVOLIDADES DE VERANO


Si hay algo que odio del verano es este tórrido calor y la pereza que produce. Aunque, quien sabe, a lo mejor esta apatía se debe más bien a que cuerpo y mente ya piden vacaciones. El caso es que cuando el sol luce agresivo en el cielo y nos hace derretirnos como un helado nada más pisar la calle, siempre me acuerdo de una canción que forma parte de mi colección personal e intransferible de canciones del verano. Pero que nadie se asuste. No tiene nada que ver con el chiringuito del incombustible Georgie Dann (¿será humano ese hombre que nunca envejece, o acaso vive dentro de una cámara isobárica que sólo abandona durante el estío para colocarnos su pachanga de turno?), ni de aquel rayo de sol de Los Diablos, tampoco del bikini de rayas de la Eva María de Fórmula Quinta. La melodía que llevo días tarareando mentalmente es Chanson d’amour en la versión de los Manhattan Transfer, ese grupo vocal casi tan incombustible como el ínclito Dann, que lleva años en la brecha y canta desde jazz hasta lo que le echen. No sé por qué, Chanson d'amour siempre me hace recordar los veranos que viví en Valencia, con aquella brisa siempre impregnada de mar y humedad. Habrá que investigar por qué. Quien sabe, igual encuentro material para una novela.




(El cuadro es de Sorolla)

viernes, 17 de julio de 2009

RESEÑA EN EL PLACER DE LA LECTURA


El Placer de la Lectura reseña Días de menta y canela y me hace mucha ilusión. Copio el texto para que lo podáis leer aquí – y porque me apetece tenerlo expuesto en “esta nuestra comunidad”, como decía el presidente de la comunidad de vecinos en Aquí no hay quien viva. Incluyo también el enlace del blog (que está en mi lista de favoritos) para quien quiera entrar directamente desde este post a ojear las reseñas de libros que ofrecen cada día a sus lectores.




La reseña:

¡Qué placer tan grande es leer un libro como Días de Menta y Canela! Un relato sin pretensiones de ser nada importante pero que cumple más que dignamente con todo lo que promete.

Y es que la valenciana Carmen Santos consigue hacer fácil lo difícil: crear una trama sencilla, cotidiana, llena de realidad y humanidad y sobre todo llena de personajes normales y corrientes: Clara Rosell madurita de buen ver, que empieza tarde a hacer sus pinitos periodísticos, con un esposo y unos hijos que le aman; Héctor Laborda hijo, cuarentón jefe de producción de una empresita zaragozana, bien casado y con mejor futuro que pasado. Y una historia que comienza y termina en Alemania: Un emigrante español muerto en la soledad de su casa con un biblia abierta en el Salmo 51 y una botella de fundador. Clara se lanza en tirabuzón cruzado a por el artículo a dos páginas prometido por su jefe, pasando por encima de Héctor –el hijo del muerto-, de su hermana Anita, felizmente casada con un teutón, su marido Emilio y todos los integrantes de la trama del fallecido entre los que hay un cura español y una valkiria rubia de los años sesenta.

Escrita en primera persona, con un tono de novela negra que le acompaña hasta el final, Días de Menta y Canela rebosa humor por los cuatro costados. Humor del mejor que hay, que no es otro que reírse de uno mismo. Eso es lo que hace Clara con su vida, sus kilos, sus años, su torpeza y con su vida en conjunto. Héctor tampoco le va a la zaga, ya que mete la pata continuamente y es más un brutote rústico que un jefe de fábrica.

Este tipo de humor lo hace muy accesible, normal y ayuda muchísimo a seguir leyendo. Añádase a esto la trama policíaca no demasiado densa que acompaña al caso y una especie de “Cuéntame” a la alemana que nos regala Clara recordando toda su vida de niña y adolescente española emigrante en el Dusseldorf setentil, y tendremos una mezcla que pudiera ser algo infumable si no hubiera sido por la exquista pluma de la Santos que convierte en sonrisas hasta la parte más negra del texto y que nos hará carcajearnos muchas veces.

Lo dicho al principio, una gozada para nuestr@s seguidores y seguidoras cuarentones, maduritos, que se verán reflejados tanto en su niñez como en su vida adulta. Fresco, de lectura rápida y ligera que junto con un lenguaje sin adornos recargados nos permite disfrutar aún de esta novela negra o de humor o de amor o de todo en conjunto como la vida misma.

miércoles, 15 de julio de 2009

PARLAMI D'AMORE...

Ahora si que ha llegado el verano. Y no lo digo porque estamos a mediados de julio. Ni por los cuarenta y un grados que marcó el termómetro el domingo. Nooooo. Lo digo porque los de Dolce & Gabanna han desempolvado mi anuncio favorito.

No suelen gustarme los anuncios de perfumes. Tampoco logro recordar nunca cómo se llama la fragancia que pretenden vendernos los señores de D & G. Pero este anuncio me priva. Confieso públicamente tamaña frivolidad. ¿Será por el maravilloso y refrescante paisaje mediterráneo? ¿Será por la canción de fondo, que hace pensar en un viejo melodrama italiano protagonizado por Rosanno Brazzi, el galán por el que suspiraban las mujeres en los años cuarenta y cincuenta? ¿O será tal vez por ese latin lover de mirada intensa que hace amago de bajarse el bañador blanco, pero nunca acaba de decidirse? Bueno, que cada cual haga sus conjeturas.

Y como el calor deja las neuronas al ralentí y de vez en cuando viene bien un poco de frivolidad para despertarlas, cuelgo aquí el anuncio para deleite de las féminas… y también de los caballeros, porque los publicistas han incluido una chica guapa para que nadie se queje (aunque al chico le dan más cancha).

¿A que dan ganas de darse un chapuzón?


domingo, 12 de julio de 2009

ME GUSTAS CUANDO CALLAS...



Un poco de poesía para saborearla en el día en que se cumplen 105 años del nacimiento de Neftalí Reyes, más conocido como Pablo Neruda, acompañada de la versión que hizo Víctor Jara del poema 15 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924). Ambos murieron poco después del sangriente golpe de estado de Pinochet. Neruda de cáncer, Jara torturado y acribillado por los golpistas.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

lunes, 6 de julio de 2009

BIEN ESTÁ LO QUE BIEN EMPIEZA

Ando estos días de bochornoso calor releyendo a ratos El siglo de las luces de Alejo Carpentier. Un libro que abandoné hacia la página 12 en el primer intento – tenía entonces veintitantos años - y que me hechizó cuando lo abrí por segunda vez, ya en la treintena. Creo que los libros, como todo en la vida, tienen su momento. Y si ese momento no ha llegado, ya sea porque nos falta madurez, o porque no nos encontramos bajo el estado de ánimo apropiado, o porque tenemos otras cosas en la cabeza que nos impiden disfrutar de una novela, la lectura difícilmente podrá complacernos. Claro que también puede ocurrir que un libro simplemente no nos guste ni pueda llegar a gustarnos jamás, igual que nos pasa con ciertas personas. Pero eso ya sería otro tema.

El caso es que releyendo la novela de Carpentier, me ha dado por rumiar lo importante que es – hoy en día más que nunca - el comienzo de un libro. Esas primeras líneas que pueden meternos de lleno en la historia, o empujarnos a abandonarla después de haber leído unas pocas páginas. Creo que nunca un libro se había jugado tanto como ahora con el párrafo inicial. Y me pregunto si conseguiría destacar en el mercado actual una novela como El siglo de las luces, con sus personajes bien trazados que se mueven entre el Caribe de finales del siglo XVIII y la Francia de la Revolución, llena de hermosas descripciones que rezuman maestría y sensibilidad, pero escrita sin apenas puntos y aparte y con un comienzo que, ahora que todos nos hemos vuelto lectores impacientes y estamos habituados a que los autores nos empujen sin preámbulos dentro de una historia (a ser posible, escrita a ritmo vertiginoso para que no nos aburramos ni un segundo) podría parecer denso. Si a la impaciencia lectora (en la que todos caemos en mayor o menor medida, dada la vida que llevamos) le añadimos la cantidad de novedades que se publican, lo difícil que lo tienen para destacar en la mesa de novedades y el poco tiempo que dura un libro sobre esa mesa, creo que ahora hasta un maestro como Carpentier lo tendría más difícil. Por suerte, él conoció tiempos menos apresurados y los lectores de ahora, a pesar de nuestra impaciencia adquirida, podemos disfrutar de novelas como El siglo de las luces.

Puesto que hoy estoy trabajadora, copio abajo las primeras líneas de El siglo de las luces y tres comienzos de esos que abren la puerta de la novela de par en par, invitando al lector a entrar hasta la mismísima cocina para que se empape de la vida de los personajes.

Detrás de él, en acongojado diapasón, volvía el Albacea a su recuento de responsos, crucero, ofrendas, vestuario, blandones, bayetas y flores, obituario y réquiem – y había venido éste de gran uniforme, y había llorado aquél, y había dicho el otro que no éramos nada… - sin que la idea de la muerte acabara de hacerse lúgubre a bordo de aquella barca que cruzaba la bahía bajo un tórrido sol de media tarde, cuya luz rebrillaba en todas las olas, encandilando por la espuma y la burbuja, quemante en descubierto, quemante bajo el toldo, metido en los ojos, en los poros, intolerable para las manos que buscaban un descanso en las bordas.
El siglo de las luces, Alejo Carpentier

Estaba buscando un sitio tranquilo para morir. Alguien me recomendó Brooklyn, de manera que al día siguiente salí de Westchester y fui para allá a reconocer el terreno. No había vuelto en cincuenta y seis años, y no me acordaba de nada. Mis padres se habían ido de la ciudad cuando yo tenía tres años, pero el instinto me llevó al barrio donde habíamos vivido, arrastrándome como un perro herido al lugar donde nací.
Brooklyn Follies, Paul Auster

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

Llevaba los pantalones arremangados y el agua me mojaba los tobillos. Me gustaba estar así, de pie, inmóvil, en silencio. Me gustaba tener los ojos cerrados y sentir cómo la brisa del mar me revolvía el pelo. También me gustaba escuchar el rumor de las olas e imaginar que me estaban diciendo algo. Me ocurría como con el tictac del despertador en las noches de insomnio, que siempre me decía lo mismo: “No puede ser, sí puede ser, no puede ser.” Las olas, en cambio, decían: “Ahooora, ahooora”. O decían: “Bueno, bueno.” O también: “Vaaamos, vaaamos.”
Carreteras Secundarias, Ignacio Martínez de Pisón


La fotografía la he tomado de www.cubanet.org

martes, 30 de junio de 2009

UN POCO DE HUMOR PARA SOBRELLEVAR EL CALORAZO

El otro día escuché por la radio Hot Stuff de Donna Summers y me acordé de Full Monty, aquella película que conseguía hablar en tono de comedia hilarante de una realidad de lo más ingrata. Y como está haciendo unos días de mucho calor y es mejor tomarse la canícula con humor, cuelgo la escena cómico-tierna de la oficina de empleo.



Y la de Robert Carlyle haciendo un striptease algo sui géneris.



Y el vídeo de Donna Summers por si alguien se anima a imitar a los chicos de Full Monty. (No olvidéis retirar los muebles del salón para bailar.)


viernes, 26 de junio de 2009

SOBRE LA BELLEZA (O LO QUE SEA)

Con pocas horas de diferencia, prácticamente de la mano, han abandonado este mundo dos artistas que fueron ídolos de masas, cada uno en su tiempo y en su especialidad. Debo decir que ni el uno ni el otro fueron santos de mi devoción. De cuando mis padres ponían la tele para ver Los ángeles de Charlie, allá por los años setenta, sólo recuerdo que la serie me parecía una fantasmada machista y las tres protagonistas unas pavisosas de mucho cuidado. Aunque seguro que si fuera hombre, aquel engendro me habría despertado otras clase de sensaciones. En las necrológicas de Farrah Fawcett dicen ahora que, pese a no haber obtenido reconocimiento como actriz, hizo algunas interpretaciones memorables y tuvo cierto éxito en el teatro independiente. Pero la pobre siempre será recordada por haber sido un ángel de Charlie, además de por sus dientes ultra-blancos, la melena rubia de anuncio de champú y el famoso póster ese del bañador, ante el que dicen que babeaban los chicos de medio mundo. Es la desventaja que tiene hacerse famosa por la belleza.


El blanqueado Michael Jackson nunca llegó a apasionarme. En la adolescencia me encantaban las canciones marchosas de los Jackson Five, que de vez en cuando aún me apetece escuchar con deleite nostálgico. De su etapa en solitario, me gustan algunas de sus canciones, incluida Thriller (¡cuánto me impresionó en su día el videoclip de los zombis, con lo miedosa que soy!), pero su música nunca me entusiasmó. No niego que fue un gran músico y un buen bailarín en su época de esplendor, pero la adoración se la cedo a sus fans. Yo no puedo evitar recordarle por las barbaridades que se dejó hacer en la cara y en la piel para acercarse a su peculiar idea de la belleza. A lo mejor es que soy morbosa. Quién sabe. En cualquier caso, está claro que tendremos noticias y comentarios sobre su vida, milagros y tratamientos de estética para muchos, muchísimos días.

Lo cierto es que se han ido dos personajes que, cada uno a su manera, me han hecho evocar por un momento los años setenta, con sus luces y sus sombras, con los sueños y los sinsabores propios de la primera juventud. Un tiempo que cada día se aleja más en el pasado.

Nota: Mi intención era insertar el vídeo de Thriller, pero YouTube no lo permite, así que sólo puedo incluir el link: http://www.youtube.com/watch?v=AtyJbIOZjS8

Las dos fotografías son de Getty Images.

miércoles, 24 de junio de 2009

SENZA FINE



Leyendo la entrada que dedica el estupendo blog 39escalones (que recomiendo una vez más desde aquí) a Mi vida sin mi de Isabel Coixet, he recordado esta vieja canción de Gino Paoli, que siempre me hace pensar en el verano, en playas no destrozadas por los excesos urbanísticos, en besos con sabor a sal, ásperos de arena, en amores jóvenes que aspiran a durar para siempre y se diluyen en un dulce recuerdo lleno de añoranza.

Y ya que estoy hoy en plan romanticoide, pongo también la tierna escena del beso de Mi vida sin mi, con la música de Paoli como fondo.

jueves, 18 de junio de 2009

LOS HÁBITOS DE LOS ESCRITORES

He leído en el blog de Lecturalia una entrada muy curiosa sobre las rutinas de escritores (y no-escritores), en la que incluyen un link a la página dailyroutines, una recopilación (en inglés) de los diferentes hábitos de "artistas, escritores o, simplemente, gente interesante”. El autor del post de Lecturalia resalta la minuciosidad de Haruki Murakami, que escribe con horario fijo y hace deporte por las tardes. Mucho deporte: cada día corre 10 kilómetros o nada 1.500 metros. También cita a Truman Capote y su costumbre de empezar a trabajar con café y cigarrillos, para acabar la jornada tomando jerez y martinis. Sería interesante saber qué partes de su obra son las que escribió al final del día. O Kingsley Amis, “que escribía hasta que abrían el pub por la tarde”. Me imagino a ese buen señor redactando las últimas frases deprisa y corriendo para bajar cuanto antes a tomarse unas cervecitas. ¿O tal vez serían unos whiskies?

Cotilleando ya en la propia página dailyroutines, me llaman la atención las respuestas de Paul Auster. Dice que escribir novelas es una experiencia tan absorbente – tanto a nivel físico como mental – que necesita hacerlo todos los días para mantener el ritmo. Incluso los domingos, siempre que le sea posible. También comenta que cuando deja de escribir, por ejemplo dos semanas a causa de un viaje, necesita otra semana para recuperar el ritmo con el que había trabajado antes. Aquí me identifico plenamente con Auster, porque si pierdo el hilo por una interrupción involuntaria, como puede ser un viaje u otras obligaciones que me obligan a aparcar por un tiempo lo que estoy escribiendo, después me cuesta lo mío volver a coger el dichoso hilo .

Stephen King empieza de 8.00 a 8.30 y tiene preparadas sus vitaminas y su música, se sienta siempre en el mismo sitio y sus papeles están siempre dispuestos del mismo modo.

Toni Morrison comenzó su carrera literaria escribiendo de madrugada, porque a esa hora aún dormían sus hijos y no la interrumpían. Y esto me da pie a la reflexión sesuda de hoy, porque incluso en días calurosos como éste hay que parir alguna sesudez: lo de condicionar los horarios de escritura a los de los niños (y los del resto de la familia) es algo que no mencionan los hombres cuyos hábitos se recopilan en dailyroutines. Pero estoy segura de que lo hacemos la mayoría de las mujeres que nos empeñamos en escribir. Adaptamos nuestros horarios a las necesidades de la pareja, o las de toda la familia, además atendemos nuestros otros trabajos, y escribimos “en ratos libres”. Y como sacar a flote una novela es un gran esfuerzo mental y físico (ésto no lo ha comprobado sólo Paul Auster), acabamos doblemente agotadas porque atendemos más frentes al mismo tiempo que los hombres.

Aquí dejo los links de las dos webs. Merece la pena leerlas.


domingo, 14 de junio de 2009

AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS

Hoy una canción de Joan Manuel Serrat para acompañar el placentero languidecer de esta tarde de domingo, que dedico a algo tan recomendable para la salud como vaguear de vez en cuando. Me hacía buena falta.

Podría haber elegido una de mis canciones fetiche, porque Serrat tiene un repertorio muy amplio y hay muchas piezas que me traen recuerdos. Algunas, además de integrar la banda sonora de mi vida, también forman parte del fondo musical de mis escritos. Pero, no sé por qué, llevo varios días tarareando mentalmente Aquellas pequeñas cosas. Seguro que habrá alguna explicación psicoanalítica para ello. Habrá que consultar al viejo Sigmund Freud.


miércoles, 10 de junio de 2009

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN MARKETING

A estas alturas, creo que todos tenemos claro lo importante que es un buen marketing a la hora de vender cualquier producto. Incluso un libro, que por muy cultural que sea, no deja de ser un producto sujeto a los vaivenes del mercado. En este caso, el mercado editorial, donde los departamentos de Marketing tienen cada vez más peso y más responsabilidad a la hora de dar a conocer nuevos libros. ¿Y qué autor no se ha devanado alguna vez la sesera, por si se le ocurre alguna fórmula mágica (y que no le cueste dinero, porque no están los tiempos para dispendios) para lograr que la historia en la que ha invertido tantas horas de trabajo y en la que ha depositado un montón de ilusiones, sea un poquito más visible en la abigarrada mesa de novedades?


Bueno, pues parece que en otros ámbitos la gente no para de discurrir y están proliferando iniciativas de lo más curiosas para vender. Ayer venía en la contraportada de Heraldo de Aragón el artículo La vida tras el cristal. Habla de una pareja joven que vivirá durante siete días en el escaparate de la tienda que tiene La Oca en la Gran Vía de Zaragoza, dentro de una especie de pisito que les ha montado el establecimiento. Como dice el autor del artículo: “un Gran Hermano en mitad de la ciudad”. Aunque al parecer, todo es fingido, porque los jóvenes no son pareja, sino actores contratados para el evento.


No he pasado estos días por la Gran Vía y sólo he visto el experimento en algún vídeo de YouTube. Dicen que también se puede seguir por Facebook. Según dice el artículo, para que todo sea más realista, la pareja recibirá visitas de sus amigos o parientes, y se ha llevado hasta fotografías, deuvedés e incluso libros: El niño del pijama a rayas y uno de Millás. Ganas me dan de regalarles un ejemplar de Días de menta y canela para que lo lean dentro de su pecera y de paso, le hagan algo de publicidad, que eso nunca está de más.


Y ya puesta, aprovecho para discurrir métodos de promoción de cara a próximas publicaciones. Se me ocurre que podría montar en cualquier plaza concurrida un teatrillo que represente escenas de mi nueva novela. Preferiblemente algún capítulo erótico-festivo que dé que hablar al personal. O igual me ofrezco a los de la tienda para que me dejen ser la siguiente que ocupe su pecera. Podría escribir allí mis historias en vivo y en directo. Aunque me temo que despertaría poco morbo ver a una mujer dándole a la tecla con una taza de café al lado. Habría que aderezarlo de alguna manera. Tal vez tomando ginebra en lugar de café. Así, los curiosos podrían ver cómo una persona empieza el día sobria y termina tan beoda como Jack Lemmon y Lee Remick en Días de vino y rosas. ¡Qué morbazo! Lo malo es que yo daría con mis huesos en Alcohólicos Anónimos y no me apetece nada. Aunque, por otro lado, podría conseguir que alguien filmase un documental con mi rehabilitación, que se podría vender acompañado de un libro-testimonio. Escrito por mí, claro. ¡Uf, qué agotada iba a acabar con semejante tinglado!

Además, el alcohol es malo para el cutis y el dinero que ganara con esta iniciativa se me iría en financiarme un lifting, o un jeringazo de bótox que me pondría cara de susto. Casi mejor me quedo como estoy, con mis muchas tazas de café al día y la pacífica soledad de mi cuartito de escribir. Esto de discurrir estrategia originales de marketing es demasiado complicado. Se lo dejo a los que saben.


Nota; Después de varios intentos infructuosos de incluir un vídeo, que me han dejado frustradísima (no sé qué le pasa a Blogger que está tonto), hoy pongo solamente el link con YouTube:

domingo, 7 de junio de 2009

ENTRE LIBROS

Hoy se acaba la Feria del Libro de Zaragoza. Todos los años me da pena que se termine el ambiente festivo de la feria, el bullicio alrededor de las casetas y dentro de ellas, y la posibilidad de conversar con los lectores y de saludar a los amigos. Este año, además, he tenido la oportunidad de charlar en persona con algunos de los amigos que visitáis este blog. El viernes por la tarde conocí a Carmen y poco tiempo después vinieron a la caseta Marta del blog Entrenómadas y Alfredo de 39escalones. También pasó Nerea de El Cultural de Nerea. Después de tanto tiempo comunicándonos a través de los blogs, fue una alegría poder hablar con vosotros en persona.

Me llevé la cámara con la intención de hacer fotos, pero como muchas veces se me olvida que la tengo en el bolso, sólo me traje una que nos hizo el viernes Pablo, de la Librería París, a Miguel Mena y a mí, ya al final de la tarde. Por eso salimos con caras de cansancio. Y es que el tiempo fue nuboso, a ratos hacía viento y en otros momentos se espesaba el ambiente como si quisiera estallar la tormenta, que finalmente pasó de largo. Pero a pesar de tanta indefinición meteorológica que trastoca cuerpo y mente, la tarde estuvo bien. Y fue un placer compartir firmas y caseta con Miguel, que es encantador. Algo que ya sabéis los que le conocéis y los que le escucháis por la radio.

El sábado no me acordé de sacar la cámara. Por eso no puedo colgar ninguna foto hecha en la caseta de la Librería Central. Es lo que tiene ser despistada. Otro año tendré que prepararla nada más llegar.


Y a propósito de libros, enlazo el artículo de opinión que publica hoy Almudena Grandes en El País Semanal. Creo que resume muy bien lo que significan los libros para los que disfrutamos de ellos.

El link

miércoles, 3 de junio de 2009

¡LO HE VUELTO A HACER!!!!

Lo he vuelto a hacer. No lo puedo evitar. Es superior a mi. Me he emocionado hasta acelerárseme el corazón. He sentido euforia. Ilusión. Una alegría desbordada. Y ganas de cantar Nessun Dorma a todo pulmón… y eso que tengo poca voz pero desagradable, como me dijo un día un amigo.

No es que me haya enamorado de repente. Ni me ha invitado a cenar Hugh Jackman con ese look tan viril que luce en Australia. Tampoco le he mangado el último Nespresso a George Clooney, ni me ha hecho proposiciones Viggo Mortensen. Me ha ocurrido algo infinitamente más emocionante: por fin he visto y tocado un ejemplar de la edición de bolsillo de Días de menta y canela.

En el proceso de publicar un libro, hay varios momentos emocionantes: cuando nos llega la oferta de la editorial; cuando corregimos las galeradas y podemos hacernos una idea de cómo quedará nuestra historia en formato de libro; cuando tenemos la portada definitiva… y… ¡tachán!... cuando sostenemos el producto final en una mano, deslizamos los dedos de la otra por la portada, leemos la contraportada y pasamos las hojas para hacer catas al texto en el que hemos trabajado durante tantas horas. Yo en esos momentos siento una inmensa alegría que no sabría desmenuzar aquí a modo de análisis. Ya perdonaréis. Sólo puedo decir que me siento muy feliz.

Y es que es tan hermoso tocar un libro recién sacado de la imprenta. Un libro que lleva mi nombre en la portada. Y que ha quedado precioso. Ya lo veréis. No os privéis de echarle un vistazo si os topáis con él en la librería, ni de acariciarlo, de pasar las hojas, incluso de olerlo, porque ha quedado francamente bonito.




La música es, cómo no, Night and Day, la canción de Cole Porter que es tan importante en la novela. Hoy pongo la versión de Stéphane Grappelli (1908-1997), violinista de jazz francés, y Django Rheinhardt (1910-1953), el gitano francés que tenía la mano izquierda inutilizada a raíz de un incendio en su carromato y aun así tocaba la guitarra como los ángeles.