martes, 3 de marzo de 2009

CITA

Tuve grandes ambiciones e ilimitados sueños – pero también los tuvo el mozo de los recados o la costurera, porque sueños los tiene todo el mundo: lo que nos diferencia es la fuerza de conseguirlos o el destino de conseguirse en nosotros.

En sueños soy igual al mozo de los recados y a la costurera. Sólo me diferencia de ellos el saber escribir. Sí, es un acto, una realidad mía que me diferencia de ellos. En el alma soy su igual.

Fernando Pessoa, El Libro del Desasosiego

Y yo me pregunto: ¿realmente nos diferencia el saber (o el intentar) escribir de aquellos a los que Pessoa llama mozo de los recados y costurera? ¿No será esta afirmación un pequeño esnobismo del señor Pessoa? ¿No será más bien que el hecho de escribir, es decir, de inventarnos historias y vivir dentro de ellas mientras las redactamos (ya sea en forma de novela o de relato), nos aísla de la realidad y nos hace sentir tan dichosos que nos creemos de otro mundo? ¿No será que en lugar de diferenciarnos de los demás, sólo es que estamos como reales y verdaderas cabras? Eso sí: cabras inofensivas que se sienten muy a gusto mientras se inventan historias y se entristecen cuando han escrito la última línea.

Menos mal que al final, Pessoa lo arregla diciendo: En el alma soy su igual.

Por cierto: próximamente habrá entrada sobre el dulce veneno de escribir.

2 comentarios:

pepa dijo...

La verdad es que, leído así, dan ganas de relegar a Pessoa al limbo de los justos, qué pedantillo ¿no?
Pepa

Carmen Santos dijo...

Me llamó la atención este párrafo precisamente por eso: porque me resultaba pedantillo. Pero, obviamente, no todas las reflexiones que hace Pessoa en este libro son así.