jueves, 4 de diciembre de 2008

EL HOMBRE TRANQUILO

Leyendo el domingo pasado, como cada semana, el artículo de Arturo Pérez-Reverte en XL SemanalSobre mochilas y supervivencia” (como es muy largo de resumir, copio aquí el link, por si alguien lo quiere leer de primera mano), en el que habla sobre la mochila de supervivencia que el ayuntamiento de Madrid recomienda tener preparada para casos de catástrofe – y donde el autor saca punta al tema a su manera tan perez-revertiana -, vi que incluiría en esa hipotética bolsa, entre otras muchas cosas, varios DVD de películas clásicas: Río Bravo, Los duelistas, Perdición y El hombre tranquilo.

Y recordé escenas sueltas de El hombre tranquilo, una de mis películas favoritas y de las pocas , junto con La Diligencia y, tal vez, Río Bravo, en la que hasta me cae bien ese pedazo de bestia de John Wayne (en otras, no lo soporto). Me vino a la memoria el pueblecito de Innisfree con sus dos párrocos – uno católico, el otro protestante -, el inevitable pub, el mensajero-casamentero-factótum Michaeleen que califica todo de “homérico”, el bruto del hermano de Maureen O’Hara, la pelea final y la escena del beso en el cementerio. Pocas películas habrán logrado – y lograrán – transmitir semejante erotismo y romanticismo mostrando tan pocos centímetros de piel. De hecho, la única carne que se ve es la de John Wayne transparentándose a través de la camisa empapada por la tormenta. Pero… ¡qué escena tan intensa para el recuerdo!

Hoy la he encontrado en YouTube, ese baúl donde cabe de todo. Aquí os la dejo:

Y de regalo, incluyo el principio de la película. ¡Homérico!

2 comentarios:

Miguel Ángel Y. dijo...

Ha sido un placer recordar estas escenas. Gracias , Carmen. Besos.

Carmen Santos dijo...

La verdad es que yo no me canso de ver esta película. Siempre que la echan por la tele, aprovecho para darme el gustazo de recordar las escenas que más me gustan, como la del beso en el cementerio, la pelea final, etc.
Besos