sábado, 4 de abril de 2009

MEDITERRANI

Para el fin de semana, Raimon y Ausias March. Creo haber comentado alguna vez que soy una lectora de poesía algo “sui géneris”. No me gusta desmenuzar los poemas analizando la métrica, la rima y esas cosas. Simplemente me gusta leerlos, o escucharlos recitados, y sentir en las tripas su ritmo y su música.

A Ausias March, el poeta del siglo XV oriundo de Gandía, le descubrí hace años gracias a Raimon, con aquellas canciones en las que el cantante de Xátiva puso música a poemas de March. De tanto escuchar la cinta en el radiocassette, quedó inutilizable. Aún la tengo en casa, guardada en un cajón con otras reliquias de las que no me desprendo. Soy de las que guardan demasiadas cosas.

Uno de esos poemas musicados es Veles e Vents. Sabe a pasión amorosa. A agua salada, a brisa que acaricia la piel con manos húmedas, a sol y a arena y a barcos con velas preñadas de viento. Es un poema que huele a Mediterráneo, al Mare Nostrum de aguas transparentes y arenas bordeadas de pinos, dunas o rocas, y no invadidas por bosques hechos de ladrillo y cemento que tapan hasta el sol. Evoca un lugar donde uno podría toparse con pescadores que echan las redes. O con algún pirata. O con cierto viajero de regreso a Itaca tras una travesía llena de aventuras y algún encuentro galante. El Mediterráneo al que canta Serrat. Lástima que ese mar sin el corsé de tantos edificios feos sólo exista ya en el recuerdo de algunos, en fotografías amarillentas y en la literatura.



Copio más abajo el poema completo para quien quiera leerlo mientras escucha al chico de Xátiva. Me habría gustado poner la traducción, pero no la he encontrado en San Google. También he buscado por casa una vieja edición bilingüe de poemas de Ausias March, pero como soy un desastre andante y no guardo los libros ordenados siguiendo algún criterio lógico, ni siquiera ilógico, me pasa lo que me pasa: si quiero releer algún libro, tengo que iniciar una búsqueda digna de Sherlock Holmes. Y es que no se puede ser tan anárquica.

Veles e vents han mos desigs complir,
faent camins dubtosos per la mar.
Mestre i ponent contra d'ells veig armar;
xaloc, llevant, los deuen subvenir
ab llurs amics lo grec e lo migjorn,
fent humils precs al vent tramuntanal
que en son bufar los sia parcial
e que tots cinc complesquen mon retorn.

Bullirà el mar com la caçola en forn,
mudant color e l'estat natural,
e mostrarà voler tota res mal
que sobre si atur un punt al jorn.
Grans e pocs peixs a recors correran
e cercaran amagatalls secrets:
fugint al mar, on són nodrits e fets,
per gran remei en terra eixiran.

Los pelegrins tots ensems votaran
e prometran molts dons de cera fets;
la gran paor traurà al llum los secrets
que al confés descoberts no seran.
En lo perill no em caureu de l'esment,
ans votaré al Déu qui ens ha lligats,
de no minvar mes fermes voluntats
e que tots temps me sereu de present.

Io tem la mort per no ser-vos absent,
perquè amor per mort és anul·lat:
mas io no creu que mon voler sobrat
pusca esser per tal departiment.
Io só gelós de vostre escàs voler,
que, io morint, no meta mi en oblit.
Sol est pensar me tol del món delit,
- car nós vivint, no creu se pusca fer-;

aprés ma mort, d'amar perdau poder,
e sia tots en ira convertit.
e, io forçat d'aquest món ser eixit,
tot lo meu mal serà vós no veer.
Oh Déu!, per què terme no hi ha en amor,
car prop d'aquell io em trobara tot sol?
Vostre voler sabera quant me vol,
tement, fiant de tot l'avenidor.

Io són aquell pus extrem amador,
aprés d'aquell a qui Déu vida tol:
puis io són viu, mon cor no mostra dol
tant com la mort per sa extrema dolor.
A bé o mal d'amor io só dispost,
mas per mon fat Fortuna cas no em porta,
tot esvetlat, ab desbarrada porta,
me trobarà faent humil respost.

Io desig ço que em porà ser gran cost,
i aquest esper de molts mals m'aconorta;
a mi no plau ma vida ser estorta
d'un cas molt fer, qual pret Déu sia tost.
Lladoncs les gents no els caldrà donar fe
al que amor fora mi obrarà;
lo seu poder en acte es mostrerà
e los meus dits ab los fets provaré.

Amor, de vós jo en sent més que no en sé,
de qué la part pitjor me'n romandrà,
e de vós sap lo qui sens vós està.
A joc de daus vos acompararé.

miércoles, 1 de abril de 2009

DESAPARECER DENTRO DE LOS LIBROS

Viene hoy en El País la crónica de la presentación en Barcelona de La encantadora de Florencia, la última novela de Salman Rushdie. Y me han llamado la atención varias cosas que dijo el señor Rushdie. Como por ejemplo esta:

“A menudo tengo el deseo de desaparecer dentro de mis libros, que son lugares mucho más interesantes que la realidad.”


Supongo que esto es algo que hemos sentido a menudo quienes nos sumergimos en la escritura de una novela. A veces, y aunque las cosas marchen bien, no digo ya cuando nos van mal, la realidad puede parecernos rutinaria, grisácea y poco aventurera. Por eso leemos. Por eso vemos películas. Y por eso escribimos. Para vivir una realidad distinta, que sea más estimulante que la nuestra. Aunque se me ocurre que si tuviéramos que vivir esas otras existencias de los libros y las películas, a lo mejor no nos gustarían tanto. O nos parecerían grises e intentaríamos escapar de ellas leyendo, yendo al cine o escribiendo. Podría ser, ¿no?

También dijo Rushdie a propósito de la fascinación que hay en su literatura por los sentidos: los olores, el ruido y los colores, que
la buena escritura habla a todos los sentidos”.
En esto también le doy la razón. Las novelas que me han conmovido, o me han sumergido de lleno en otro mundo, siempre han sido las que saben describir los sonidos propios de un lugar, cómo huelen sus calles o sus campos, el color de la vegetación, el de las casas, el azul del mar o del cielo. Incluso la fragancia del amor. Y mientras escribo esto, me estoy acordando de un libro que me transmitió todas estas sensaciones: Justine, uno de los que forman el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell. Mientras lo leía, sentí la ciudad de Alejandría como si me hubieran transportado hasta allí. Y es que leer siempre ha sido una forma barata de viajar.

Y para concluir, otro viaje. Este en el tiempo. Un regreso a los primeros años setenta. Tiempo de utopías, de pantalones de campana y zapatones con plataformas de vértigo. Años en los que aún creíamos en los ilimitados avances de la técnica y pensábamos que el futuro siempre sería mejor que el presente. Y para evocarlos, quién mejor que Marvin Gaye cuando se cumplen veinticinco años de su asesinato a manos de su propio padre.

lunes, 30 de marzo de 2009

COSAS DE CINE

Haciendo mi ronda matinal por los periódicos, leo hoy dos noticias relacionadas con el cine.

Una es el fallecimiento, a los 84 años, de Maurice Jarre, compositor de las bandas sonoras de películas como Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, La hija de Ryan, Pasaje a la India y muchas más, aunque en mi recuerdo almaceno sobre todo las de Doctor Zhivago y Lawrence de Arabia. Ambas estuvieron muy presentes durante toda mi infancia, pese a que no vi las películas hasta bien avanzada la década de los setenta, cuando repusieron las dos en los cines de Valencia.





La otra noticia es que hoy se cumplen cincuenta años del estreno de Con faldas y a lo loco (Some like it hot), esa magistral comedia de Billy Wilder con Jack Lemmon, Tony Curtis y Marilyn Monroe, con la que siempre me río. Y eso que la he visto infinidad de veces y me sé de memoria algunos diálogos. ¿Y qué decir de la escena final que termina con la archiconocida frase “Nadie es perfecto”? Enlazo el artículo que publica hoy El Mundo, donde se habla del caótico rodaje de la película debido a los problemas que hubo con Marilyn Monroe. Y para recordar la película, que tiene un montón de escenas memorables, aunque no puedo colgar todas porque esta entrada se convertiría en un chorizo, sólo pongo el hilarante tango de Jack Lemmon con su enamorado Osgood Fielding III, el millonario con cara de batracio.

jueves, 26 de marzo de 2009

EL CIELO DE LOS ESCRITORES BUENOS

En los comentarios a raíz de la entrada que escribí el otro día sobre el éxito póstumo de Stieg Larsson y los problemas con su herencia, acabamos hablando también de John Kennedy Toole, autor de La conjura de los necios, que se suicidó a los treinta y dos años, frustrado porque no había conseguido interesar a ningún editor por su libro. Como dicen en el artículo de El Mundo que enlazo aquí, probablemente habría más razones que le empujaron al suicidio. Algunos biógrafos aventuran que una de las causas podría ser su homosexualidad reprimida. Bueno, es una hipótesis como cualquier otra, porque a estas alturas, quién puede saber lo que pasó por la cabeza de este hombre para llegar a ese punto.

Hoy, mira por dónde, leo que se cumplen cuarenta años del suicidio de este escritor, cuya novela consiguió ser publicada después de su muerte gracias al tesón de su madre y vendió millones de copias en todo el mundo. Un éxito del que John Kennedy Toole no pudo disfrutar. Salvo que exista un cielo al que van a parar los escritores buenos (como aquellos negritos buenos de la canción de Machín, que también se van al cielo), desde donde podrían estar disfrutando de su éxito póstumo y burlándose de los que no creyeron en ellos. Sería bonito. Lástima que una sea tan descreída.



La fotografía corresponde a la portada de una biografía de Toole y la he tomado de El Mundo.

lunes, 23 de marzo de 2009

TRAVESURAS DE LA VIDA MALA

El otro día leí en El Mundo el anuncio de la entrevista que iba a publicar el suplemento Yo Dona con la mujer que durante treinta y dos años fue pareja de hecho de Stieg Larsson. A estas alturas, creo que quien más y quien menos sabe que, según las leyes suecas, Eva Gabrielsson no tiene derecho a percibir ni una migaja de los beneficios que están generando las novelas de la trilogía Millenium. Beneficios millonarios que irán a parar a la familia de Larsson, con la que, al parecer, el escritor ni siquiera se llevaba bien.

Y me ha dado por cavilar sobre la mala uva que a veces tiene la vida, el destino, el azar, o lo que sea, que da turrón a quien ya no posee dientes para disfrutarlo, porque ni siquiera está vivo. ¿De qué le sirve a Larsson todo este éxito, tanto a nivel de reconocimiento literario como económico, si murió antes de ver publicado el primer libro de los tres que llegó a escribir?

Me imagino al pobre hombre robándole horas al sueño, a sus otras aficiones, si las tenía, o a estar con su chica, por sacar tiempo para sumergirse en el universo paralelo que iba creando poco a poco. Le imagino tecleando con esa pasión que vamos sintiendo conforme nos adentramos en el mundo de una novela. Le imagino reclinándose satisfecho contra el respaldo de su silla, intuyendo que tal vez estaba creando algo que podría conectar con muchos lectores. Y me da pena cuando pienso en todo lo que se ha perdido Larsson. Y no me refiero al montón de beneficios que están generando sus novelas, una lotería que – no nos engañemos - siempre le viene bien al afortunado (si está vivo, claro), porque aunque no se escriba por dinero, hay que pagar facturas, comer de caliente y alimentar a los hijos, y un pellizco así resuelve problemas de liquidez y da estabilidad económica.

Pero cuando hablo de lo que se ha perdido Larsson, no me refiero a que ahora podría tener el riñón bien cubierto. Pienso en esos momentos de dicha que, al margen de los ingresos, proporciona la publicación de un libro y que él no llegó a disfrutar. Ese instante en que sostenemos por primera vez entre las manos un ejemplar de nuestra novela, pasamos las hojas y leemos encuadernado lo que antes era manuscrito. O ese otro en que descubrimos ejemplares del libro en las mesas de novedades de las librerías, tal vez incluso en algún escaparate. Larsson tampoco tuvo tiempo de ver cómo su novela iba ganando adeptos en todo el mundo. Ni pudo sentirse feliz por haber conseguido lo que desea todo escritor: aportar algo a sus lectores, ya sea porque les ha conmovido, les ha hecho pensar, les ha dado información interesante, o simplemente les ha proporcionado horas de buen entretenimiento, que no es cualquier cosa. Y encima, el hombre ni siquiera llegó a tiempo de dejar atado quién debía cobrar sus derechos de autor en caso de que él faltara, con lo que no pudo ni legar una buena herencia a su pareja.

No me diréis que la vida no puede ser borde cuando se lo propone.

viernes, 20 de marzo de 2009

EL NOVELISTA Y EL PSICOANÁLISIS

Hoy viene una interesante entrevista con el escritor Hanif Kureishi en La Vanguardia. Me ha llamado la atención lo siguiente:

Pregunta: Hay un paralelismo entre el trabajo del psicoanalista y el del novelista...

Respuesta: Sin duda. Ambos exploran el interior, la sexualidad, la infancia. Es casi el mismo trabajo. El buen novelista es el que, a partir de una historia de otros en el fondo se está explicando a sí mismo. Hay una relación estrecha entre psicoanálisis y literatura. De hecho, Freud nunca dijo que debiéramos ir todos al psicoanalista y que el mundo sería mejor si lo hiciéramos. Al contrario, él escribió que la sociedad ya realiza una actividad semejante a través de la lectura de ficción, que al leer a Shakespeare, Dostoyevski o Sófocles nos vemos reflejados en esas situaciones, y que así contactamos con aspectos recónditos de nuestro ser. No creo en la separación entre psicoanálisis y literatura.

Me pregunto si no exagera un poco el señor Kureishi. No sé cuántas neuras podrá resolver la lectura de una novela, aunque sí es cierto que si la historia nos gusta, nos evadimos de nuestra realidad para vivir otras vidas, las obsesiones de los protagonistas nos hacen olvidar por un tiempo las nuestras, o hacen que nos sintamos reflejados en ellas, como dice Kureishi, y al final, nos queda buen sabor de boca. Eso sin duda puede considerarse terapéutico, pero de ahí a equiparar el trabajo del novelista con el del psicoanalista...


(La fotografía la he tomado de La Vanguardia)

miércoles, 18 de marzo de 2009

FRIVOLIDADES DE PRIMAVERA

Ya es primavera en El Corte Inglés. Incluso en la calle. Después del duro invierno, tenemos calor, sol y muuucho polen. Y los escaparates de las tiendas se han teñido de malva, que parece ser el color de moda esta temporada. Hay hasta zapatos y bolsos de esa guisa. Y eso que yo esta primavera me considero afortunada. Me gusta el malva. Puede que hasta me compre alguna prenda de ese tono.

Pero, señores de la industria textil, ¿por qué cada temporada ponen de moda un determinado tejido, o un color concreto, en detrimento de la variedad? ¿Por qué ese empeño en uniformarnos a las mujeres como si fuéramos los Niños de San Ildefonso en el sorteo de Navidad? Al final, andamos por ahí vestiditas como si fuéramos de despedida de soltera. Es decir: todas iguales. Y no es porque nos hayamos vuelto “fashion victims” (aunque siempre hay alguna). Es que no hay forma humana de encontrar algo distinto de lo que nos proponen los señores del textil. El año pasado, o el anterior, ya no lo recuerdo, me volví loca buscando una camiseta blanca de algodón. ¿Hay algo más simple que una camiseta blanca de algodón? Pues no hubo manera. Me decían en las tiendas que esa temporada, las camisetas se llevaban de color. ¿Lo hacen por mortificarnos, o es para quitarse de encima algún stock de telas de un determinado tejido o color? Que me lo expliquen, por favor.

Y después de esta concesión a la frivolidad (es que una primavera tan malva acaba afectando a las neuronas, por mucho que a una le guste el color), inserto para contrarrestar a la gran Billie Holiday cantando Some other Spring.

(La fotografía del modelito malva la he tomado de www.basileia.es)

martes, 17 de marzo de 2009

AYALA Y FACEBOOK

Esto me llamó la atención ayer:

Francisco Ayala, a sus 103 años recién cumplidos, tiene perfil en Facebook. Para que luego digan que las personas mayores no están puestas en internet.



La fotografía la he tomado de El País

sábado, 14 de marzo de 2009

EL DULCE VENENO DE ESCRIBIR

Desde el momento en que sale a la luz el vergonzante secreto de nuestra doble vida, es decir, que en la intimidad nos dedicamos a emborronar folios, o a llenar de palabras absurdas montones de ficheros Word hasta agotar la memoria del ordenador, siempre hay alguien que nos pregunta por qué escribimos. Hay quien responde que escribe para que le quieran, como García Márquez. Otros para que les lean, como dice André Gide. Otros, incluso, para corregir la vida, porque es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica, según afirma Vila-Matas. Hay otros que escriben pensando en la posteridad. No deja de ser un motivo pretenciosillo y creo que pocos lo confiesen. Luego están los que, animados por el éxito de autores como J.K. Rowling o de Dan Brown, pretenden enriquecerse con la escritura. Pura quimera. Es más fácil hacerse millonario comprando un décimo de lotería de Navidad, o jugando a la bonoloto, que escribiendo.

Lo mío es mucho simple que todo esto. Escribo porque lo necesito. Porque me hace sentir bien. Como al yonqui su chute, o al alcohólico su dosis de whisky, ginebra o lo que quiera que se vierta entre pecho y espalda. Me gusta hacer y deshacer frases. Jugar con las palabras. Pulirlas como hace el carpintero con la madera. Me gusta inventarme historias con personajes nacidos en mi imaginación que, al final, llegan a parecer casi tan reales como la gente de carne y hueso que me rodea. Personajes que se montan conmigo en el autobús, me acompañan cuando hago la compra, nadan conmigo en la piscina, pedalean a mi lado en el gimnasio. A cambio, yo les invento vidas, peripecias, amores, desamores, y limo sus diálogos mientras me dedico a los prosaicos quehaceres de cada día. A veces, estos personajes se rebelan contra los planes que yo les había trazado y siguen un camino distinto. Y esa rebelión enriquece la historia con matices que no había contemplado en un principio. Y cuando termino una novela, siento un gran vacío, porque sé que esos personajes a los que había cogido cariño – o, a veces, aversión -, mis amigos invisibles, dejarán de formar parte de mi vida.

Pero que nadie se asuste. Generalmente, los que llevamos esta doble vida no somos peligrosos. Sólo disfrutamos creando mundos paralelos que nos hagan más llevadero éste, aunque solemos distinguir entre ficción y realidad. Lo cual no es óbice, en mi caso, para que me ponga a pelar patatas para la tortilla de la cena, por poner un ejemplo de lo más cotidiano, y de pronto, me asalte la frase que estuve buscando infructuosamente durante todo el día, deje las patatas a medio pelar y corra al ordenador para evitar que esas palabras vuelvan a huir.

Ciertamente, no escribo por dinero, ni persiguiendo la posteridad, tampoco la fama. Escribo porque me hace sentir bien. Aunque eso no significa que no me guste que me lean. Tampoco significa que no me pregunte, mientras escribo, si lo que estoy contando podrá interesar a alguien o adormecerá hasta a las piedras. No hay peor pecado que aburrir al prójimo por no habernos parado un segundo a dudar.

Y luego, está ese momento tan emocionante cuando en una charla con lectores, todos acabamos hablando sobre los personajes de mis novelas como si éstos fueran conocidos o amigos comunes. Como si existieran realmente. Y ese otro momento, cuando alguien me dice (o me escribe) que leer mi novela le hizo feliz y le entristeció terminarla. Esos instantes de dicha son tan bonitos que, como decía mi abuela, no se pagan con dinero.

La fotografía es de
www.educ.ar

jueves, 12 de marzo de 2009

CANTANDO BAJO LA LLUVIA

Hoy, un poco de cine musical para insuflarnos optimismo, que falta nos hace. ¿Y qué mejor escena que la de Gene Kelly empapándose mientras baila bajo una lluvia torrencial pensando en su chica, de la que se acaba de despedir?

Sé que no a todo el mundo le gustan los musicales de Hollywood. Mucha gente me ha dicho: ¿pero qué sentido tiene que un tipo esté comiendo, se acuerde de su chica, salte de la silla y se ponga a dar brincos y gorgoritos con la boca llena? ¿O que ese loco esté sentado en un banco con su chica y de pronto, se ponga en pie y se le declare cantándole cursiladas, mientras ella le sonríe con cara de boba? Y no les falta razón. Hay musicales del viejo Hollywood que son un batiburrillo de canciones, bailes y almíbar no apto para todos los gustos. Pero hay otros donde los números musicales están perfectamente integrados y complementan una historia que en algunos casos, contiene buenos golpes de humor. Como esta película, una de mis favoritas de toda la vida.

Claro que yo tengo alma de carroza. Me crié en Alemania viendo con mi madre viejas películas de Hollywood en la penumbra parpadeante de un televisor en blanco y negro. Y creo que las dos soñábamos por igual. Tal vez por eso me gustan escenas como la de Gene Kelly cantándole a la cursi de Debbie Reynolds (esta mujer es lo único que me chirría de la película) en un plató de cine vacío, donde sólo hay un foco, un ventilador y una escalera. Y me encanta verles bailar.

Eso sí: estas cosas sólo me gustan en el cine. Si un hombre se plantara delante de mi tan cargado de razón como Gene Kelly y arrancara a cantarme su amor, creo que echaría a correr y batiría marcas de velocidad.

martes, 10 de marzo de 2009

PREMIOS (II)

Tras haberlo consultado con la almohada, aquí está la lista de los blogs que he elegido para compartir con ellos el PREMIO DARDO y el PREMIO BLOG DE ORO. Los he elegido por muchas razones: por su contenido enriquecedor, por los valores culturales que transmiten, por su espíritu festivo y optimista, por el trabajo que supone para su autor/a mantener un blog tan currado, y... porque me gustan, que es una razón muy importante. Aquí están:


A lo largo del día iré entrando en los diferentes blogs para avisaros uno por uno.

Las instrucciones que me han dado para continuar la cadena son las siguientes (pero, por supuesto, todo esto es voluntario):

1- Aceptar, hacer que el Logo sea visible.2- Hacer un link al Blog que te ha premiado.3- Premiar otros 15 blog y avisarles.

Los logos pueden tomarse de la entrada anterior.

lunes, 9 de marzo de 2009

PREMIOS

La autora del blog La bitácora de Melusina (un blog muy interesante, currado y entrañable que recomiendo vivamente) ha decidido compartir los premios DARDO y BLOG DE ORO con varios blogs, entre los que ha incluido este humilde Días de menta y canela.

Melusina, desde aquí quiero darte de nuevo las gracias por la distinción, que ya sabes que me hace muchísima ilusión.

PREMIO DARDO (a la izquierda): «Con él se reconocen los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personales, etc..., que en suma, demuestra su creatividad a través de su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras».


PREMIO BLOG DE ORO (a la derecha)

¿A que son bonitos?

Según las reglas, lo que nos corresponde hacer ahora a los premiados es compartir estos premios con otros blogs que creamos que reúnen los requisitos indicados.

Bueno, pues voy a consultarlo con la almohada y mañana pondré la lista.

EL DURO CLINT (II)

Copio el link de la entrevista a Clint Eastwood que publicaba el otro día el Magazine de El Mundo. Entre otras cosas, me ha llamado la atención lo que dice el duro Clint sobre la crisis mundial.

P. ¿Y la crisis mundial?

R. No entiendo muy bien por qué la gente se sorprende con la crisis. Desde el principio de los tiempos las cosas han funcionado así: una vez estás arriba y otras, abajo. No comprendo tantas lamentaciones. Crecí en una era en que las cosas tenían valor. Tenías los pocos dólares que tuvieras en el bolsillo. Ahora, con las tarjetas de crédito, uno gasta 30 veces más de lo que tiene. Todo se compra sin esfuerzo. Antes, si gastabas más de lo que tenías, pasabas a tener un problema. Tenías cuatro dólares, el cine costaba dos y medio, y la conclusión era que no podías llevar a tu chica a cenar. Simple, pero perfectamente comprensible. Estaba claro lo que tenías y lo que no. Ahora no. Las cosas han perdido valor. Quizá esté ahí el problema.

La fotografía es de aquí.

jueves, 5 de marzo de 2009

ANYTHING GOES

Para desempachar un poco las neuronas de tantas citas de Pessoa y de cara al fin de semana, una pequeña grabación sacada de YouTube: Anything goes cantada por su propio compositor Cole Porter, cuya música transmite un espíritu festivo y transgresor que a mí, personalmente, me llena de optimismo cada vez que escucho una de sus canciones.

Supe de la existencia de este hombre y su música cuando, de adolescente, vi en la tele una película de los años cuarenta dirigida por Michael Curtiz llamada Night and Day. Era como un catálogo de canciones suyas y números musicales y el protagonista era un guapísimo Cary Grant (qué diablos, Cary Grant siempre estaba guapo). En teoría, quería ser una biografía de Cole Porter, en la realidad, como supe muchos años después, no tenía mucho que ver con su vida. Para empezar, la película ocultaba que Cole Porter era homosexual y le presentaba como una especie de macho sofisticado metido en el cuerpo de Cary Grant. Claro que en aquellos tiempos, Hollywood no daba para más. Una película más reciente, interpretada por Kevin Kline y también aderezada con canciones de Porter, De-Lovely, se ciñe más a la realidad en ese aspecto.



A mi me gusta mucho la música de este hombre y su espíritu optimista y transgresor. Quien haya leído Días de menta y canela y La cara oculta de la luna, quizá recuerde que en ambas novelas hay canciones suyas.

El señor Porter no tenía una gran voz, de hecho, creo que sólo cantaba para sus amigos. Pero me gusta cómo vocalizaba la letra de sus canciones y la ironía que ponía en ello. Claro que, quién mejor que él, que las había parido, para saber cómo deseaba que fueran interpretadas.

Y para acabar, unas imágenes de De-Lovely:

miércoles, 4 de marzo de 2009

CITA (y 2)


Otra cita de Fernando Pessoa:

Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, me quedé, como otros de la orla de las gentes, en aquella distancia de todo a la que comúnmente se llama la Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiera pensar, se pararía.


El Libro del Desasosiego

Siempre me ha llamado la atención esta frase: El corazón, si pudiera pensar, se pararía.

La fotografía es de aquí.

martes, 3 de marzo de 2009

CITA

Tuve grandes ambiciones e ilimitados sueños – pero también los tuvo el mozo de los recados o la costurera, porque sueños los tiene todo el mundo: lo que nos diferencia es la fuerza de conseguirlos o el destino de conseguirse en nosotros.

En sueños soy igual al mozo de los recados y a la costurera. Sólo me diferencia de ellos el saber escribir. Sí, es un acto, una realidad mía que me diferencia de ellos. En el alma soy su igual.

Fernando Pessoa, El Libro del Desasosiego

Y yo me pregunto: ¿realmente nos diferencia el saber (o el intentar) escribir de aquellos a los que Pessoa llama mozo de los recados y costurera? ¿No será esta afirmación un pequeño esnobismo del señor Pessoa? ¿No será más bien que el hecho de escribir, es decir, de inventarnos historias y vivir dentro de ellas mientras las redactamos (ya sea en forma de novela o de relato), nos aísla de la realidad y nos hace sentir tan dichosos que nos creemos de otro mundo? ¿No será que en lugar de diferenciarnos de los demás, sólo es que estamos como reales y verdaderas cabras? Eso sí: cabras inofensivas que se sienten muy a gusto mientras se inventan historias y se entristecen cuando han escrito la última línea.

Menos mal que al final, Pessoa lo arregla diciendo: En el alma soy su igual.

Por cierto: próximamente habrá entrada sobre el dulce veneno de escribir.

viernes, 27 de febrero de 2009

CUTRECES

Acabo de leer que Ryanair está considerando la posibilidad de cobrar a sus pasajeros por ir al baño dentro del avión. Así piensan reducir gastos.

Vamos, ya no basta con que nos hagan pasar en los aeropuertos por controles de seguridad humillantes, en los que a veces nos toca quitarnos prendas como si fuéramos strippers de bajos vuelos. Ni con que l@s azafat@s nos atiendan de aquellas maneras. Ni con que ya no nos den en el avión ni un mísero refrigerio para entretenernos y matar el hambre. Ahora, igual nos hacen pagar por ir al servicio. ¿Cómo lo harán? ¿Pondrán una cerradura con una ranurita para introducir las monedas? ¿Tendrá cambio el personal del avión? ¿Qué ocurrirá con el pasajero que no lleve suelto? ¿Le tocará ir pidiendo cambio a sus compañeros de suplicio o acabará contorsionándose como Peter Sellers en la famosa escena de “El guateque”?

Confiemos en que no prospere esta cutrez, o al menos, que la tripulación del avión vaya bien provista de cambio.


jueves, 26 de febrero de 2009

EL DURO CLINT

Ayer concedieron a Clint Eastwood en Cannes una Palma de Oro Honorífica. Quién nos iba a decir a los que hace años poníamos verde al duro Clint a propósito de su Harry el Sucio, que el señor nos iba a ofrecer joyas como En la Línea de Fuego, Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, Mystic River, Million Dollar Baby, Los Puentes de Madison, por citar mis favoritas.

Ay, ese grandioso final de Los Puentes de Madison County, una película de amor sin sentimentalismos ni cursilerías que no me canso de ver.


lunes, 23 de febrero de 2009

CAMINANTE NO HAY CAMINO, SE HACE CAMINO AL ANDAR

Un pequeño homenaje a Antonio Machado, de cuya muerte en el exilio se cumplieron ayer setenta años, con la voz del admirado Joan Manuel Serrat.


domingo, 22 de febrero de 2009

EL 23-F Y LAS PATATAS BRAVAS



Hay acontecimientos que marcan a generaciones enteras, ya sea debido a su carácter optimista o, por el contrario, a sus consecuencias trágicas. Tanto nos marcan, que al cabo de los años aún somos capaces de recordar dónde nos encontrábamos y qué hacíamos cuando el primer hombre pisó la luna, cuando aquellos dos aviones se incrustaron en las Torres Gemelas, cuando estallaron aquellas bombas en los trenes de cercanías de Madrid y destrozaron la vida de tantas personas…

¿Y el 23-F?

Yo viví el intento de golpe de estado en Valencia. Y siempre asociaré la tarde del 23-F a las patatas bravas. Mi marido, que entonces aún no lo era, se acababa de licenciar en la mili y lo estábamos celebrando los dos con una merendola en un bar llamado La Tierra. Creo recordar que estaba por la calle Emilio Baró. Justo andábamos hincándoles el diente a unas deliciosas patatas picantes cubiertas de mayonesa y tomate (había más tapas sobre la mesa, pero sólo recuerdo las bravas) cuando entró un hombre en el local, alteradísimo y voceando que la Guardia Civil había tomado con armas el Congreso de Diputados. En el bar se hizo un silencio sepulcral, como suele decirse siempre. A nosotros las papas se nos quedaron literalmente atravesadas en la garganta.

Como éramos muy jóvenes, muy inconscientes y no podíamos creer que algo así estuviera ocurriendo cuando nuestro país empezaba a sacudirse la caspa de la dictadura, nos subimos al Fiesta y fuimos al centro. Vimos pocos coches particulares por la calle, pero sí muchos vehículos de la Guardia Civil y del ejército patrullando y proclamando desde los altavoces el toque de queda. Por las aceras corrían unos cuantos peatones con cara de estar tan asustados como nosotros. Tardamos bien poco en dar media vuelta e irnos a mi casa, de donde no nos movimos ni para asomarnos a la ventana. A lo largo de la noche, nos enteramos de que los tanques habían tomado Valencia. Mi padre volvió hacia medianoche del trabajo, en una empresa situada en un pueblo de Valencia, y se encontró de lleno con el cerco de tanques en Primado Reig. El pobre entró en casa desencajado y pálido como un espectro.

Afortunadamente, lo que pudo haber devuelto a nuestro país a las catacumbas de las que empezaba a salir, ahora lo recordamos como la bufonada de un grotesco personaje tocado con mostacho y tricornio charolado y su famoso “¡Se sienten, coño!”. Pero, ¡qué miedo pasamos entonces! ¡Y qué miedo retrospectivo entra al pensar en lo que pudo haber ocurrido aquel día, del que mañana se cumple un nuevo aniversario, y cómo estaríamos ahora de haber triunfado el golpe!

viernes, 20 de febrero de 2009

SOBREVIVIRÉÉÉÉ

Un poco de música y humor de cara al fin de semana: ¿recordáis el baile de las tres drag queens en aquella deliciosa Priscilla, reina del desierto, al son de la música de Gloria Gaynor? Pues, a disfrutar...

martes, 17 de febrero de 2009

JE T'AIME MOI NON PLUS



El otro día leí en Heraldo de Aragón que se cumplen cuarenta años del lanzamiento de la canción “pecaminosa” por excelencia: Je t’aime moi non plus, que grabó Jane Birkin con el feo muy feo Serge Gainsbourg, su pareja por entonces.

Aquí el link del artículo.

Cuando salió Je t’aime moi non plus, yo tenía diez tiernos añitos y era muy inocentona (como solíamos ser las niñas de los sesenta), pero por el modo en que los adultos hablaban de esta canción cuando pensaban que las criaturas no nos enterábamos, por la expresión pícara que iluminaba sus rostros, desde el principio intuí que había algo muy pecaminoso en esos suspiros rítmicos y esa voz masculina que susurraba desde la caverna de la garganta Je t’aime, oui, je t’aime al ritmo de una música envolvente y tórrida. Más adelante, cuando tuve edad para ir a los bailes del instituto, o “Fêtes”, como los llamábamos en Alemania, el Je t’aime moi non plus adquirió significado propio. Era una de las canciones que los chicos esperaban como buitres para bailar “pegados”, como cantaba Sergio Dalma (otras muy solicitadas eran Mami Blue y Suzanne de los Pop Tops y la maravillosa Angie de los Rolling Stones, sus satánicas majestades). Cuando el pinchadiscos elegía Je t’aime…, los chicos se transformaban en pulpos de manos ágiles y la misión de las chicas era clavarles los codos para mantener las distancias. Aunque, en honor a la verdad, hay que confesar que si el chico nos gustaba, lo de clavarle los codos era una acción más bien simbólica que se ejercía por cumplir. Y semejantes combates se libraban en los bailes de medio mundo teniendo como fondo los suspiritos de la Birkin y los susurros del feo muy feo Gainsbourg.

No sé si hoy en día una canción así despertaría tanto morbo como entonces. Pero escuchándola ahora por YouTube con cierta nostalgia carrozona, creo que Je t’aime moi no plus sigue teniendo su aquel.

lunes, 16 de febrero de 2009

GRACIAS A TOD@S

Muchas gracias a tod@s por las películas que habéis sugerido a raíz de la entrada anterior. Menudo lista interesante podemos confeccionar con vuestras propuestas. Y gracias también a la amable lectora de Barcelona que me ha enviado por correo electrónico una serie de títulos inolvidables (como, por ejemplo, Desayuno con diamantes, Descalzos en el parque, Encadenados, El hombre que susurraba a los caballos y otros que merece la pena revisar).

Lo dicho: podemos confeccionar entre todos una relación de películas de amor inolvidables para ver en cualquier época del año.

Buscando el otro día en You Tube, descubrí esta joyita de Dinah Washington cantando el tema de Tú y yo. Como digo siempre a propósito de las grabaciones que hizo esta señora durante los años cincuenta y sesenta, le sobra ese acompañamiento instrumental cursilón que le ponían a veces a lo "consultorio de Elena Francis", pero su vozarrón y su modo de cantar consiguieron imponerse a estas herejías.


viernes, 13 de febrero de 2009

SAN VALENTÍÍÍÍÍN

Mañana, 14 de febrero, será San Valentín, Día de los Enamorados y de los Grandes Almacenes (a estas alturas, más de lo segundo que de lo primero). Y en relación con tan amorosa efeméride, vi en un periódico digital (no recuerdo cuál) una selección de películas clásicas de amor para disfrutarlas ese día en compañía de nuestra media naranja, nuestro bizcochito, nuestro amorcito, nuestro darling o nuestro churri (como dicen algunos muy castizotes). De esa selección, sólo me convencieron dos películas que yo llamaría clásicas, el resto me pareció un conjunto de cursiladas. Y entonces, se me disparó la mente y me puse a confeccionar mi propia lista de películas de amor míticas (al menos, para mí). De esas para llorar a moco tendido y babear (no necesariamente por este orden). Estoy segurísima de que habré olvidado alguna importante, pero si alguien tiene sugerencias para completar esta relación hecha a bote pronto, serán bienvenidas.

Casablanca de Michael Curtiz
Los puentes de Madison, Clint Eastwood
Tú y yo, Leo McCarey
Esplendor en la hierba, Elia Kazan (ay esa mirada triste de Warren Beatty al final)
Doctor Zhivago, David Lean
Tal como éramos, Sydney Pollack
Tierras de penumbra, Richard Attenborough (que hartazón de llorar, por Dios)
Sublime obsesión, Douglas Sirk
Duelo al sol, King Vidor (ésta no es exactamente de llorar, pero contiene mucha pasión)
El hombre tranquilo, John Ford (otra que no es de llorar, pero la incluí por la escena del beso en el cementerio)
Verano del 42, Robert Mulligan
Manhattan, Woody Allen (tampoco es de llorar, pero me encanta)

Lo dicho, se aceptan sugerencias.

Para acabar, la escena final de Tú y yo. (Aviso: si alguien no ha visto esta película y pretende hacerlo, mejor que no reproduzca el video, porque le estropearé la gracia).

martes, 10 de febrero de 2009

EL LIBRO ELECTRÓNICO

Desde hace algunos días, no hago más que leer en todas partes artículos sobre el libro electrónico. Yo aún no he visto ninguno al natural, pero por lo que dicen, parece tratarse de un artilugio con capacidad para almacenar muchos libros y pantalla que ahora, además, habla. O sea, que aparte de leer el texto (en una pantallita), lo podremos escuchar.

Extracto del artículo El libro electrónico ya sabe hablar aparecido en El País a propósito de la presentación del Kindle2:

Antes había alimentado todo tipo de rumores, entre ellos, que el aparato se iba a doblar como un libro. Sin embargo, Bezos dejó claro al mostrarlo públicamente que físicamente aún no se dobla nada. En realidad, para el común de los mortales, el Kindle y el Kindle2 resultan parecidos, tanto físicamente como en lo relativo a sus capacidades. La única gran variante respecto al primer Kindle, que inauguró la era del eBook en diciembre de 2007, es que el Kindle2 habla: además de leerse, puede escucharse como un libro sonoro. Además, tiene una aplicación nueva, el Whispersync, que permitirá, en un futuro cercano, sincronizar el aparato con teléfonos móviles.

Yo, la verdad, no sé qué pensar de estos chismes. Para la lectura soy muy clásica. Toda la vida he leído libros en el formato tradicional, es decir, con sus hojitas encuadernadas entre dos tapas (duras o blandas, según el formato), su portada más o menos bonita y la sinopsis en la contraportada. Nunca me ha gustado leer textos largos en la pantalla del ordenador, porque se me pone la cabeza como un bombo. Tampoco me ha dado nunca por encargar libros a través de internet. Me gusta comprarlos en una librería, donde puedo curiosear entre los libros “que me llaman”, leer la contraportada, pasar las hojas para hacerles “catas” y después, llevármelos a casa para, una vez allí, sacarlos de la bolsa, abrirlos otra vez con ilusión y ponerles mi nombre y la fecha de la compra. Y ahora, resulta que nos quieren introducir unos cachivaches electrónicos con pantalla que, al parecer, también sirven para navegar por internet y en el futuro, según afirman, podrán ser sincronizados con el teléfono móvil.

En fin, para poder opinar con conocimiento de causa tendré que esperar a tener un e-book en la mano y comprobar cómo funciona realmente. Quién sabe, a lo mejor, me sorprende. También pensé hace años que nunca teclearía un texto literario directamente en el ordenador y ahora ya no me imagino escribiéndolo a mano, o con máquina de escribir. Y decía que no utilizaría teléfono móvil y ahora tecleo los SMS con más rapidez que los adolescentes.

Aunque en esto del libro electrónico, ahora mismo aún tengo muchas dudas y me resisto a dejarme embaucar. El tiempo dirá.

La fotografía es de aquí.

domingo, 8 de febrero de 2009

JOSEPH L. MANKIEWICZ

El 11 de febrero se cumplen cien años del nacimiento de Joseph L. Mankiewicz, el hombre que dirigió peliculones como Eva al desnudo (la historia de una trepa donde Anne Baxter y Bette Davies ofrecen un duelo interpretativo de primera), La condesa descalza (menudo melodrama de amor y lujo), El americano tranquilo, De repente, el último verano (ay, esa arpía mala malísima interpretada por Katherine Hepburn), la superproducción Cleopatra (Richard Burton con minifalda y sandalias) y La Huella (otro duelo entre dos actorazos que tiene al personal sin parpadear durante las dos horas y pico que dura la cinta).

Entre todas estas películas hay un montón de escenas memorables para elegir como homenaje a uno de mis directores de cine favoritos, pero me he decantado por esta de Cleopatra. Concretamente, cuando la señora hace su majestuosa entrada en Roma. No hay nada como irrumpir en un lugar a lo grande. La discreción es para los demás. Como cantaba la niña María Isabel: Antes muerta que sencilla.


(La fotografía de Mankiewicz es de EFE)

sábado, 7 de febrero de 2009

¿QUÉ SERÁ, SERÁ?

Otro interesante artículo sobre los libros y la crisis, aparecido en El País de hoy.

Los editores se ponen en lo peor

En vista del panorama, sólo digo, como cantaba la empalagosilla Doris Day en aquella pélícula de Hitchcock: ¿Qué será, será?

(La pintura del señor que lee es el Retrato de Emile Zola de Édouard Manet, 1868, Museo de Orsay)

viernes, 6 de febrero de 2009

CÓMO ESTÁ EL PATIO DE LA LITERATURA


Hoy un enlace a un artículo muy interesante de El Cultural. Sólo el título ya me llamó la atención: ¿Cuántos escritores españoles viven de la literatura? Y después de haberlo leído, únicamente puedo exclamar: ¡ay, señor, señor, cómo está el patio!

Como no todos podemos ser como John Grisham o Carlos Ruiz Zafón, habrá que echar quinielas o comprar lotería de Navidad en lugar de escribir libros. Lo malo es que a mi nunca me toca nada. Así que, tampoco me veréis el veintidos de diciembre en la tele, dando saltitos llevando en una mano el vaso de plástico lleno de Sidra el Gaitero y en la otra el décimo premiado.

En fin, dicen que el dinero no da la felicidad. Aunque estoy segura de que esta frase se la inventó un millonario.

martes, 3 de febrero de 2009

TAKE A WALK ON THE WILD SIDE

He decidido ampliar la recopilación de bandas sonoras a mis otras novelas, empezando por una a la que tengo mucho cariño. En realidad, todas mis historias contienen muchas canciones y películas que me sirven para situar el contexto histórico y para intentar explicar los gustos de los personajes y cómo viven en una determinada época de su vida.

Bueno, pues tras esta disertación, hoy empezaré con la banda sonora de La vida en cuarto menguante. ¿Y quién mejor para ello que Lou Reed y la canción con la que Alma Ferrer cree caminar por el lado salvaje de la vida?

Y para que sepáis de primera mano por qué incluí al ínclito Lou Reed en esta novela, aquí va una pequeña muestra:

Pablo vivía muy cerca del campus. Nos arrastramos hacia su casa con los labios pegados igual que dos lapas en pleno apareamiento. Sólo los separamos un poco, porque nuestra fusión labial impedía a Pablo abrir la puerta. Dentro, el tercer ocupante de la vivienda nos recibió desparramado sobre el sofá de escay raído. Como si hubiera caído desde el piso de arriba por algún agujero en el techo. El salón olía a mugre redestinada y acumulación de porros. Una mesita enana soportaba un tocadiscos donde giraba un LP cachazudo. La voz de Lou Reed se abría paso como podía entre rasponazos y crujidos roncos del único altavoz: Hey babe, take a walk on the wild side…”. Pablo gruñó un saludo al yacente. Este levantó tres dedos de la mano derecha. Así supe que estaba vivo. Atravesamos el aire viciado del salón. Abrimos una puerta. Y tras ella, Lady Marian creyó descubrir bajo los leotardos verdes de Robin Hood el lado salvaje de la vida.

Aunque, ahora que la señora Robinson ya no me parece una vieja amargada, diría que aquello no fue tan salvaje. Pablo era más guapo que fogoso. Su repertorio sexual igual de variado que el menú de una hamburguesería de barrio. Pero me faltaban seis meses para cumplir veinte años. Estaba apresada como una sardina en las redes del amor. La etérea indecisión de su iris me hizo confundir la frialdad con sensatez. Su falta de entusiasmo por la carne con la intelectualidad de un espíritu elevado. Y también para diferenciar ciertos matices hay que dejar de amar.

lunes, 2 de febrero de 2009

ESOS LOCOS BAJITOS

Ayer leí en El País el artículo semanal de Elvira Lindo (es mi tarea del domingo, tanto si lo pasamos en casa como si salimos de fin de semana: leer primero los suplementos de varios periódicos, que siempre comienzo por los artículos de opinión, y después los propios periódicos, que también empiezo por los artículos de opinión. Una que es de costumbres fijas). El escrito se titula “Anda, dales un beso” y va de niños malcriados y tiranuelos. Según uno de los titulares que se destacan en el texto: “Una metáfora que define a las mil maravillas la realidad: niños malcriados y padres acojonados”. Pongo aquí el link, porque merece la pena leerlo.

Me resultó reconfortante leer en palabras de Elvira Lindo algo que me he preguntado muchas veces en los últimos años (tanto me lo he preguntado, que he llegado a temer si no me estaré volviendo antigua, como esas abuelillas a las que cualquier tiempo pasado les parece mejor). Es decir: ¿no nos estaremos pasando de vueltas mimando a nuestros retoños, velando por sus innumerables derechos y viviendo en constante temor a causarles un trauma por cualquier cosa? Hemos pasado del autoritarismo sin límites bajo el que fuimos criados los que ahora andamos por los cincuenta a una permisividad también sin límites. Y digo yo que entre zurrar a los hijos como remedio universal o que sean ellos los que tiranicen a los padres como si tal cosa, debería haber un punto intermedio y saludable que en algún momento nos hemos debido de saltar.

¿Quién no habrá vivido alguna vez la situación que describe Elvira Lindo en su artículo? Resumo el escenario: uno va de visita a casa de amigos que tienen niños pequeños, criaturas que ya no es que no estén por la labor de saludar a los pobres y acongojados visitantes, sino que les taladran directamente con una mirada torva y amenazante que hiela la sangre, sobre todo si esos viejos pelmazos osan entrar en su habitación-santuario. A mi eso me ha ocurrido tal cual. Y en momentos así, me alegro de que mi hijo ya sea adulto y que, pese a los muchos errores que sin duda cometimos sus padres, integrantes de aquella generación idealista del no-autoritarismo (aunque creo que de vez en cuando éramos realistas), ha salido un ser humano que merece la pena (y no es pasión de madre).

Si educar a los hijos siempre ha sido difícil, porque los niños no vienen con manual de instrucciones y los padres vamos aprendiendo sobre la marcha tras haber cometido muchos errores, creo que hoy en día se está convirtiendo en una tarea francamente dura. Yo confieso que me alegro de haber dejado atrás esa etapa.

miércoles, 28 de enero de 2009

LET'S FACE THE MUSIC AND DANCE - II

Como no sé cuánto podré actualizar el blog en los próximos días, hoy os dejo Let's face the music and dance en versión de Diana Krall, cantante y pianista de jazz que a veces hace concesiones algo sui géneris a lo comercial (que a mi no me acaban de gustar), pero que cuando se pone a hacer jazz de verdad, es muy buena.

martes, 27 de enero de 2009

LET'S FACE THE MUSIC AND DANCE

Desde niña me encantan los musicales de Hollywood y de vez en cuando me gusta volver a ver películas de aquellos monstruos de la danza que fueron Fred Astaire y Gene Kelly. El otro día revisé por YouTube (¿cómo no?) la escena de la cinta Follow the Fleet (1936) donde Fred y Ginger bailan (y Fred también canta) Let’s face the music and dance. Y recordé que la mayoría de las películas que rodaron Fred Astaire y Ginger Rogers como pareja cinematográfica datan de la época de la Gran Depresión, cuando la gente iba al cine para olvidarse por un rato de su cruda realidad viendo bailar a deslumbrantes damas envueltas en gasas, sedas y brillantes lentejuelas y a caballeros vestidos de pingüinos o en impecable esmoquin. Casinos de lujo, salas de baile, paradisíacas playas y suntuosos hoteles de Río de Janeiro (Flying down to Rio), mansiones millonarias, ríos de champán... todo lo contrario de lo que le tocó vivir a la gente de a pie en aquellos años (y en cualquier otra época). No hay más que fijarse en lo que canta Fred Astaire en la escena que incluyo más abajo para ver el carácter “antidepresivo” de estos musicales y por qué gustaban tanto y nos siguen gustando ahora:

There maybe trouble ahead
But while there’s moonlight and music
And love and romance
Let’s face the music and dance…
La traducción (muy libre) podría ser algo así como:
Puede que se vislumbren problemas en el horizonte
Pero mientras tengamos la luz de la luna y la música
y el amor y el romance
enfrentémonos a la música y bailemos…
Toda una declaración de principios con la que los cineastas del viejo Hollywood animaban al personal en tiempos de crisis. Si la que padecemos ahora en el mundo mundial arrecia aún más, veamos con qué nos intentan arengar los del cine. De momento, escuchemos la música y bailemos.



Y otra escena alucinante y muy kitsch de la película Flying down to Rio (1933), la primera película que rodaron juntos Ginger y Fred. (Atención a los "shorts" de los caballeros del fondo):

viernes, 23 de enero de 2009

IN THE SUMMERTIME

Hacía mucho que no actualizaba mi particular recopilación de la banda sonora de Días de menta y canela. De cara al fin de semana, he buscado In the Summertime de Mungo Jerry, música de unos tiempos en los que llevábamos pantalones muy ajustados (que entonces no eran elásticos, por lo que corríamos peligro de que reventaran las costuras a la altura del trasero en el momento más inoportuno), con las perneras acabadas en campana bajo las que asomaban las punteras de aquellos terribles zapatos con plataforma. Creo que si midiéramos el grado de horterez en la moda de las diferentes épocas, los años setenta estarían muy pero que muy arriba en el ranking.
En Alemania bailábamos esta canción siguiendo una especie de coreografía coral que había que aprenderse previamente y cuyos pasos ya no recuerdo. Si alguno de la generación “Cuéntame” os acordáis, no os cortéis en aportar esa información enriquecedora.


Aquí un pequeño extracto de Días de menta y canela donde se habla de Mungo Jerry.

Las Tres Gracias llegamos a la fiesta cuando sonaba In the Summertime. Desde el año setenta, los encargados del tocadiscos pinchaban esa canción para caldear el ambiente y la gente se colocaba en hilera e intentaba seguir una embrollada coreografía coral. Stefan ya bailaba en una de esas filas. Su melena lisa refulgía dorada bajo las luces policromas que convertían al aula en discoteca por un día. Los rompehielos se deslizaban sobre el suelo al ritmo impuesto por Mungo Jerry. Mi estómago casi reventó de la emoción. Pero entonces reparé en Sabine, ondulándose justo a su lado. La hurí con busto de lenguado agitaba la blonda cabellera al dictado de los zapatos con plataforma más machos de Dusseldorf. El culo rectilíneo se mecía embutido en unos vaqueros con floripondios bordados en los bolsillos de atrás. El jersey, amarillo limón y muy ajustado, moría varios centímetros por encima del ombligo. La risita de Sabine trinaba a través de la música cual paloma en pleno ritual de apareamiento. Stefan, la tórtola macho, sacaba pecho mientras movía cuello y cabeza hacia abajo y hacia arriba. Tal vez hasta escapara un uh, uh, uh de la caverna de su buche. Aunque eso no lo pude comprobar. La música estaba fuerte. Y yo demasiado lejos.

miércoles, 21 de enero de 2009

HABEMUS NUEVO EMPERADOR

Ya tenemos nuevo emperador. Tras el paso destructivo del huracán George llega la esperanza. Veamos ahora qué hace Obama (o qué le dejan hacer) al contacto con la cruda realidad.

Y para finalizar, la observación frívola del día (en plan revista del corazón): me gusta el vestido blanco que llevaba Mrs. Obama cuando abrió con Mr. Obama el baile presidencial, pero no el amarillo limón que eligió para la ceremonia de investidura.

(La fotografía es de AP)

lunes, 19 de enero de 2009

REVUELO DE TRAPOS

Vaya revuelos que se organizan en esta España nuestra a propósito de las vestimentas de las políticas, ya sean las que lucen en fotografías o en actos oficiales. Ocurrió hace unos años con aquel glamouroso posado de las ministras socialistas para Vogue, que aprovecharon algunos para despedazarlas a placer. Hace poco tuvimos la polémica con el famoso esmoquin de Carmen Chacón en la celebración de la Pascua Militar (que a mi, dicho sea de paso, me parece elegantísimo y más apropiado para ese acto que un vestido largo, teniendo en cuenta que la ministra es “jefa” de un estamento tan machista como el ejército). Ahora le toca el turno al modelito que luce Soraya Saenz de Santamaría en la foto que ilustra la entrevista publicada ayer por el suplemento de El Mundo. Un posado que, mira por dónde, ha servido para que los que en su día criticaron ferozmente a las ministras socialistas por lo del Vogue, ahora hayan tenido que comerse sus palabras con patatas fritas y alioli.

Yo debo de ser muy frívola, pero a mi estas polémicas me parecen un pelín desproporcionadas. ¿Acaso es un crimen que las políticas vistan o se retraten en plan glamouroso? Mientras hagan bien el trabajo por el que se les paga, ¿para qué montar estos números? ¿Es que no hay asuntos más importantes de los que ocuparse que la indumentaria de ministras, portavoces de partidos y demás? Con los trajes y las corbatas de los políticos no se organizan tantos líos, y eso que algunos darían para alimentar suculentas polémicas, porque visten fatal.

viernes, 16 de enero de 2009

EL CHACACHÁ DEL TREN

Hoy toca retroceder unas cuantas décadas para darnos un bañito de nostalgia. En los comentarios a la entrada anterior, nos preguntábamos de quién sería la versión original de aquella canción que sacó hace algunos años El Consorcio: El chacachá del tren. Bueno, pues gracias a la información que ha aportado amablemente Pepa, he podido encontrar esa versión en YouTube. Es de Elia y Paloma Fleta, hijas del tenor Miguel Fleta, y data del año 1955 (¡Cielos!).

Al escucharla, me he sentido como si me hubiera metido en una película antigua, al estilo de lo que ocurre en aquella deliciosa cinta La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen, ambientada en los años de la Gran Depresión. Primero se escapa de la pantalla Jeff Daniels, el galán de una historia de amor y lujo, porque se ha enamorado de la pobre espectadora Mia Farrow, que siempre está metida en el cine engullendo películas para escapar de su montónona y mísera vida. Pero creo recordar (si la memoria no me engaña) que al final, el galán vuelve a su película llevándose consigo a Mia. Bueno, pues al reproducir este video, me ha parecido que estaba haciendo un viaje fantástico como el de la señora Farrow.

martes, 13 de enero de 2009

MIEDO A VOLAR

Hoy he leído en El País un artículo con el titular De cómo el avión perdió todo su glamour, que me ha hecho recordar aquellos tiempos de mi infancia y adolescencia en los que volar era, efectivamente, sinónimo de glamour, lujo y sofisticación. En una época en la que los de a pie viajábamos con nuestros padres en coches sin aire acondicionado (eso cuando teníamos coche), ni ABS, ni dirección asistida, ni GPS, ni elevalunas automáticos, ni reproductor de CDs con MP3 y esas cosas que hay ahora, veíamos en la tele la llegada a los aeropuertos de estrellas de cine, políticos, millonarios, playboys, en fin, esa gente con dinero, fama y glamour, y nos moríamos de la envidia cochina. Primero, aquellos dioses del Olimpo asomaban la nariz por la puerta del avión, impecablemente vestidos, sin un solo pelo fuera de su sitio, y ellas maquilladas como para asistir a la gala de los Oscar. Después descendían por la escalerilla con la barbilla bien alta, pisando cada escalón como si fueran vedettes de revista. Las estrellas de cine sonreían a las cámaras con sus dentaduras blancas e impolutas. Y las niñas románticas veíamos eso y soñábamos con guapos y jóvenes pilotos que surcaban los cielos enfundados en uniformes vistosos.

Cuando era pequeña, una de las diversiones dominicales de la familia era ir por la mañana al aeropuerto de Düsseldorf para ver cómo despegaban y aterrizaban los aviones . Había una terraza en lo alto del edificio, a la que se accedía previo pago y donde domingueros de todo tipo echábamos la mañana admirando a los pájaros de acero que transportaban a los privilegiados.

Hoy en día, a nadie en su sano juicio se le ocurriría pagar por ver despegues y aterrizajes. Tampoco quedan apenas escalerillas por las que bajar del avión en plan vedette, sólo tubos que parecen mangueras gigantes y nos engullen por un extremo para escupirnos por el otro. Lo de llegar impecables, con el peinado perfecto, el rímel sin churretes y la ropa bien planchada es misión imposible, teniendo en cuenta los retrasos, los controles de seguridad con striptease incluido, la falta de espacio en el avión y otros males como el reciente caos en Barajas. La mayoría de las compañías aéreas ya ni siquiera sirven comidas en aquellas bandejas donde cada plato venía envuelto como si fuera un sobre sorpresa. Confieso que de joven me gustaba la comida de los aviones. También me encantaba volar. Cada cual tiene sus pequeñas perversiones en esta vida.

Ahora, estas perversiones se me han curado con creces viendo cómo las gastan últimamente en aeropuertos y aviones. Prefiero el chacachá del tren - siempre que sea un AVE o similar, porque aún quedan en España líneas anticuadas, como la de Valencia-Zaragoza, sin ir más lejos, que se las traen.

(La foto del avión es de página)

lunes, 12 de enero de 2009

EL DOCTOR ZHIVAGO EN SORIA

He encontrado un curioso video en YouTube relacionado con el rodaje en Soria de Doctor Zhivago. Pepa y Ernesto: también salen los Pinares. Espero que lo disfrutéis.


viernes, 9 de enero de 2009

NIEVE

Está nevando en Zaragoza. De hecho, ahora mismo caen copos como guisantes. Tiene algo de hipnótico ver caer esas bolitas blancas. Cuando nieva con ganas, todo parece más silencioso y pacífico.

Me encanta ver nevar, incluso caminar bajo la nevisca, bien abrigada y con el calzado adecuado. Como hacía de niña en Alemania, donde a nadie le asustaba andar o conducir por las calles nevadas, siempre que no hubiera hielo. Y cuando helaba, los niños estábamos de enhorabuena porque se suspendían las clases. Podíamos hacer pellas sin que nos pusieran falta. Todo el mundo, salvo algún insensato que otro, se quedaba en casa hasta que pasaban los camiones y echaban sal para hacer transitables las aceras y el asfalto.

Supongo que aquí no cuajará la nevada. Es difícil que Zaragoza se convierta en una estampa a lo Doctor Zhivago. Para compensar, he buscado una de esas viejas escenas para recordar: cuando Julie Christie parte de la mansión en ruinas y cubierta de hielo donde se había ocultado con Omar Sharif, y él sube corriendo al primer piso y rompe el cristal de una ventana para retener la última imagen del trineo alejándose por la nieve. En alguna parte leí que esa película se rodó en Soria. Quién lo habría pensado.

jueves, 8 de enero de 2009

PINCHO TORTILLA: ¡SAL CON LAS PATATAS EN ALTO!

De tanto citar estos días a Gomaespuma, me he acordado de aquel viejo sketch del pincho de tortilla que se rebela contra su destino y toma como rehén al camarero. Es uno de mis favoritos . Hoy lo he buscado en la red y puedo colgarlo aquí por gentileza de San Google que todo lo encuentra.
No nos vendrá mal un poco de humor.


miércoles, 7 de enero de 2009

LA PRIMERA ENTRADA DEL 2009

Podría empezar esta primera entrada del año hablando del frío tan tremendo que hace, o de la noticia surrealista que llevan hoy los periódicos diciendo que "Según ha comunicado el Ejército israelí, habrá un alto el fuego temporal cada día de una a cuatro de la tarde, a partir de hoy, en el área en torno a la ciudad de Gaza" para que pueda llegar la ayuda humanitaria, una barbaridad que me recuerda a aquellos sketches de Gila sobre la guerra, pero en cínico y real. Porque ya es gordo que estén achicharrando a todo bicho viviente en Gaza y en medio de la destrucción, les concedan pausas de tres horas al día para que se recuperen un poco y después, poder seguir tirándoles bombas. Terrible.

Para iniciar el año bloguero prefiero hablar de algo lúdico-festivo: el premio Nadal de este año, que ha sido para Maruja Torres. Con los premios literarios me ocurre algo así como con los Oscar. Es decir, igual que tras la entrega de los Oscar todos comentamos a quién le cayeron esos galardones y todos tenemos actores que nos gustan y otros que nos disgustan (por su trayectoria artística o, a veces, por razones meramente frívolas y viscerales), yo en temas literarios también tengo autores que me gustan por sus obras, otros que simplemente me caen bien, o los que cumplen las dos premisas: me gusta su obra y me caen bien. Bueno, pues con Maruja Torres me ocurre como con Juan Marsé. Me gusta cómo escribe y, aunque no la conozca en persona, me da la impresión de que debe de ser una persona coherente y sincera. De los demás “nadaleros” no puedo opinar, porque no conozco su obra. Pero digo, como mis admirados chicos de Gomaespuma: “Enhorabuena a los premiados”.

Y de acompañamiento musical, hoy otro toque lúdico-festivo, éste sacado del Concierto de Año Nuevo en el Musikverein de Viena (curiosamente este año, por primera vez en mucho tiempo, no he visto el concierto, y eso que desde niña soy una incondicional del evento): El vals El Danubio Azul dirigido por Daniel Barenboim.