domingo, 13 de febrero de 2011

OTRA VEZ SAN VALENTÍN.

El tiempo corre que se las pela y ya estamos de nuevo a las puertas del Día de San Valentín, o el Día de los Grandes Almacenes, esos establecimientos comerciales que llevan semanas intentando comernos el coco para que nos gastemos el dinero en comprarle a nuestra pareja regalos tontos y de nula utilidad (es un generalizar; yo odio comprar regalos por decreto), o en organizar escapadas románticas - y casi siempre cursis - como si no hubiera más días al año para salir de viaje lúbrico-festivo. El caso es hacernos sacar la tarjeta de crédito para que sea vilmente esquilmada.

A mí en esta celebración tan artificial, llena de almíbar del que sube el nivel de glucosa y de colesterol malo, me da por hacer recopilaciones. Cada cual tiene sus rarezas y perversiones. Hace dos años colgué una lista de películas de amor. El año pasado recopilé besos de película. Pues en este 2011 recién iniciado les toca el turno a las canciones que hablan de amor. He reunido unas cuantas. Como siempre, es una lista subjetiva, a la que vosotros seguramente quitaríais o añadiríais alguna canción. Sobre gustos no hay nada escrito, como se suele decir. Aquí va, pues, la primera parte de mi tontería de San Valentín para este año. Cuyo disfrute, además, no exige patearse tiendas ni gastarse los dineros. Otro día colgaré el resto.

Se admiten sugerencias, of course.

Para empezar, Lover Man de Billie Holiday.


¿Y qué os parece Ay, amor de Bola de Nieve?



¿O la versión que hace Luz Casal de Es la historia de un amor?



Y para acabar la ración de hoy, una carrozona a tope: When I fall in love de Nat King Cole.

martes, 8 de febrero de 2011

DE PELUCHES Y HERVORES

Otra noticia alucinante: hay en Barcelona una agencia de viajes para peluches. Por 50 euros (70 euros si los muñequitos de felpa son enviados a ver mundo desde otro país de la Comunidad Europea) les llevan de tour por Barcelona, les hacen fotos en los lugares emblemáticos y les dan un souvenir (¿Esto cómo se lo entregan al muñeco? ¿Se lo pinzan con imperdibles a la felpa?). Por unos cuantos “leros” más lo llevan a ver (???) las maravillas de Gaudí, el museo del F.C. Barcelona, el Tibidabo (¿Los subirán en el funicular y una vez arriba, los montarán también en el avioncito rojo?). Y para que sus dueños no se preocupen mientras los peluches andan de turismo por Barcelona, podrán seguir sus aventuras vía Facebook.

Según dicen, el fundador de la agencia se inspiró en el gnomo viajero de Amélie. Y al parecer, hay clientes dispuestos a gastarse la pasta en enviar a sus peluches de viaje por Barcelona.

Conclusión sesuda: No es que nos falte un hervor, es que necesitamos media docena.

(Link del artículo en El País)

(La fotografía la he tomado de El País. Retrata a Emic, el avestruz guía)

sábado, 5 de febrero de 2011

¿DÍAS DE MENTA... O DE CANELA?

Ahora me entero de que han desarrollado un dispensador inteligente que da un sabor distinto a la pasta de dientes según el tiempo que vaya a hacer (enlace al artículo). Si sabe a menta indica que hará frío y tocará abrigarse, si el sabor es a canela quiere decir que hará sol y si la pasta se torna azul (¡qué asquito!) no es porque se haya echado a perder, sino para avisarnos de que lloverá.

¡Pero qué cosas tiene el progreso! Con este dentífrico, antes de lavarnos los dientes por la mañana, en lugar de ponernos hamletianos y plantearnos eso de “ser o no ser” mientras nos arrancamos el sueño de los ojos, preguntaremos a nuestra media naranja “¿días de menta… o de canela?”.

(La fotografía la he tomado de www.frikipedia.es)

lunes, 31 de enero de 2011

EN MEMORIA DE ERNESTO

Esta mañana he entrado en el blog de Ernesto, Testigo, al que muchos de los que os asomáis aquí conoceréis por sus comentarios, y me he encontrado con la triste noticia de su fallecimiento. Sabía por su familia, que nos mantenía informados a través del blog, que llevaba muchos días ingresado en la UCI, pero siempre pensé que se recuperaría y regresaría al barrio bloguero, como decía él. Por desgracia, no ha sido así.

Entré por primera vez en el blog de Ernesto hace más de tres años y me encontré con un espacio donde había sitio para la cultura, la solidaridad, la historia, la política y muchos, muchísimos más temas de interés. Me gustó lo que leí y me convertí en asidua. La verdad es que esto de internet establece relaciones de amistad que antes jamás habríamos imaginado. A lo largo de los años, nació una de esas amistades virtuales, de blog a blog, en las que sin habernos visto nunca en persona, intercambiábamos comentarios y nos visitábamos en nuestras respectivas casas construidas en la Red. Hoy siento que se ha ido un amigo al que echaré de menos. Desde aquí, mis condolencias a la familia y un abrazo en un momento tan duro.


Hasta siempre, Ernesto.


Cuelgo un vídeo que he tomado del propio blog de Ernesto:
El cant dels ocells, cantado por Josep Carreras y Lluis Llach.


sábado, 15 de enero de 2011

MALDITO PURÉ DE GUISANTES



Hace ya dos días que en Zaragoza vivimos sumergidos en una niebla espesa como el puré de patatas. De esas que si te dispones a cruzar el Ebro a pie, no ves la orilla de enfrente y tienes la impresión de que antes de que alcances la mitad del puente, la bruma ya te habrá engullido para no soltarte jamás o para transportarte a algún mundo paralelo al estilo de Narnia, aunque sin necesidad de meterte en un armario ropero (que en la edad adulta resulta muy incómodo y da calor). No niego que tiene su belleza contemplar cómo al otro lado del río, las torres del Pilar pugnan por perfilarse entre la niebla que las aplasta. O eso de asomarse a la ventana y ver las casas de enfrente difuminadas por una lámina brumosa que las rejuvenece y embellece, como a las viejas glorias del cine cuando las fotografiaban con filtros en la era pre-photoshop. O dejarse envolver por la humedad que amortigua los sonidos y hace pensar en aquellas vetustas películas inglesas que se desarrollaban en un Londres misterioso y sumido en la niebla, y en las que siempre había algún anciano cascarrabias que salía de casa, miraba a su alrededor y murmuraba: “Maldito puré de guisantes” justo antes de que el malvado de turno le hincara el cuchillo entre las costillas.


Pero romanticismos aparte, a mí este puré de guisantes se me hace muy pesado. Sobre todo cuando dura varios días. Me da sueño, me pone dolor de cabeza y me reblandece las ideas además del cabello, que se vuelve ingobernable y adopta formas de lo más caprichosas. Por el bien de nuestros peinados, ¡que salga pronto el sol, por favor!

jueves, 13 de enero de 2011

LA CORRECCIÓN POLÍTICA EN LA LITERATURA

El mes de enero se nos va deslizando entre dieta post-navideña para arrancarnos los excesos de la cintura, noticias varias sobre la crisis, otras sobre la cuesta de enero (sí, todavía se habla en los medios de la famosa cuesta de todos los años), la ley Sinde por aquí y por allá, la ley antitabaco y los bares insumisos, más una noticia que leí hace ya unos cuantos días y a la que todavía estoy dando vueltas.

El día 5 se hablaba en El País (aquí el enlace) de una nueva edición de Las aventuras de Huckleberry Finn, que va a sacar una editorial de Estados Unidos en versión políticamente correcta. Quiere decir esto que han sustituido la palabra despectiva “nigger”, que aparece en el texto 219 veces, por la de “esclavo”. Y han hecho lo mismo cambiando “injun”, otra palabra despectiva, por “indio”. O sea, que ahora Huckleberry Finn ya no huirá por el río Misisipi en compañía del Negro Jim, o Nigger Jim, como le llaman en la versión inglesa, sino con el Esclavo Jim. Si se tratara de una novela actual ya me parecería una iniciativa discutible, pero si tenemos en cuenta que fue publicada por primera vez en 1884 y la acción se desarrolla cuando en Estados Unidos todavía existía la esclavitud, me da la impresión de que a Mr. Alan Gribben, profesor de la universidad Auburn (Alabama) y responsable de esta nueva edición, le patina ligeramente el embrague en su afán de meter la tijera por las buenas.


Porque digo yo que si ahora nos pusiéramos a expurgar a todos los clásicos de aquellas palabras despectivas que hemos ido eliminando de nuestro lenguaje – aunque, por desgracia, no hemos apartado de nuestras mentes los prejuicios que expresaban esas palabras -, no va a quedar ninguna obra sana. Si quisiéramos cambiar todo lo que nos suene a racista, machista o xenófobo, tendríamos que revisar – y de paso destrozar – infinidad de escritos que han resistido el paso del tiempo por muchos méritos. ¿Qué dejaríamos de la obra de un Celine, por ejemplo? ¿Cómo llamaríamos ahora a Otelo, el Moro de Venecia? ¿Sería Otelo, el magrebí? ¿Es que no somos capaces de leer las obras clásicas situándolas en el contexto histórico (y personal) en el que fueron escritas? ¿Tan difícil es comprender que la vida y la mentalidad de una persona del siglo XIX, del siglo XVIII, de la antigüedad, o incluso de hace tan sólo treinta o cuarenta años, no tiene nada que ver con la de este siglo XXI en el que nos la cogemos con papel de fumar (con perdón de la expresión, que seguro que habrá quien la tilde de políticamente incorrecta)? Si cambiamos a nuestro antojo las novelas que reflejan cómo se vivía y se pensaba mucho antes de nuestro paso por el mundo, aparte de que las dejaríamos irreconocibles y descafeinadas, nos cargaríamos sus virtudes literarias, el mérito de reflejar la sociedad de su tiempo y muchas cosas más. No sé, lo mire como lo mire, a mí esta clase de revisiones me parecen una masacre literaria.


A veces, pienso que no somos más tontos porque la pereza nos impide entrenarnos, pero estoy segura de que si entrenáramos, llegaríamos a lo más alto. ¡Uy, qué reflexión más políticamente incorrecta me ha salido!


(La fotografía reproduce la portada de una edición de Penguin Books)

domingo, 2 de enero de 2011

UN LIFTING PARA EL NUEVO AÑO

¡¡Feliz 2011!!


Y tranquilos. No es que haya aprovechado las fiestas para meterme en un quirófano a que me estiren la piel o me inyecten un jeringazo de bótox. Todo esos tratamientos se los he hecho al blog para que empiece el nuevo año bien remodeladito. Con un look fashion, sofisticado y fresco a la vez. Como ciertas actrices cuando las sacan de la cámara frigorífica para que recorran la alfombra roja con la cara lavada y recién planchá. No va a ser mi blog menos que esas señoras. Faltaría más…


Y para rematar, algunas reflexiones navideñas tontas – pero que muy tontas, porque el cerebro no me da para más.


- ¿Por qué se ven durante las Navidades tantos niños por las calles con gorritos de Papa Noël o cuernos de reno rojos? ¿Es que los padres no tienen piedad?


- ¿Por qué se nos van los dedos al turrón, cuando el cerebro sabe que se adhiere a la cintura durante semanas y no hay forma de quitárselo?


- ¿Por qué a algunos árboles de Navidad les ponen adornos tan horteras?


- ¿Por qué a pesar del empacho, logramos hacer sitio en el estómago para añadir el roscón de Reyes? Si tuviera la misma habilidad para encajar más libros en las estanterías, no los tendría que colocar en doble fila.


- ¿Por qué siempre hay alguien que se pone a hacer fotos durante las comilonas familiares (este año fui yo la inoportuna, sin ir más lejos) y al revisarlas, salimos todos con cara de felicidad, la boca llena y una copa de vino en la mano?


- ¿Por qué en enero se llenan los gimnasios de penitentes del turrón que en lugar de cilicio, llevan mallas y camiseta?


- ¿Por qué el director del Concierto de Año Nuevo, Franz Welser-Möst, ese señor con cara de Richard Gere empollón, dirigió a la orquesta con semejante aire de estar por encima del populacho? Ya sabemos que este primer concierto del año es una tradición popular que tiene algo de circo y mucho de tópico, pero ¿no podía haberse enrollado el buen hombre un poco más con el público? Si los que desde la más tierna infancia vemos cada año el concierto del Musikverein, buscamos precisamente los valses vieneses de toda la vida y que no nos falten el dichoso Danubio Azul ni la Marcha Radetzky, por supuesto. Para escuchar música más exigente ya tenemos el resto del año. Además, ¡que tire la primera piedra quien no haya tocado alguna vez palmas al ritmo de la Marcha Radetzky!


martes, 21 de diciembre de 2010

FROHE WEIHNACHTEN

Cada año se me echan encima antes las Navidades. Entre lo deprisa que pasan los meses y lo pronto que empiezan a colocar la parafernalia navideña en las tiendas (a este paso, volveremos de vacaciones en septiembre y tendremos ya los turrones en el súper), cada año me pillan más desprevenida y me siento como si me asaltaran con alevosía.

De pequeña me gustaba mucho la Navidad. Y no sólo porque me caían los regalos el día de Nochebuena, que es cuando se entregan en Alemania, aunque también, claro. Me encantaba la nieve, deslizarme cuesta abajo en trineo, comprar con mis padres el abeto en un mercadillo donde nos atendía un señor que se ocultaba tras un gorro de lana, bufanda y guantes gruesos, y por supuesto, adornar el árbol con bolas de cristal, espumillón e hilos de plata. Me gustaba el olor del abeto, que llenaba la casa mientras duraban las fiestas. Y también el de las naranjas y mandarinas importadas desde España, que en es época estaban en su apogeo. Hasta el White Christmas me hacía emocionarme. Y los villancicos alemanes, por descontado. Qué le vamos a hacer. Es que una fue una niña cursi.

De mayor, empecé a detestar las Navidades, el empalago de los villancicos por doquier, el desmelene consumista, los adornos horteras, las luces del Corte Inglés y el arboricidio con posterior entierro de infortunados abetos en el contenedor de la basura. Entremedias quedó un paréntesis de tregua navideña durante la infancia de mi hijo. ¿Quién no vuelve a colocar belenes y abetos (ya de plástico, para no asesinar más árboles) y lo que haga falta para complacer a su retoño? ¿Quién no lleva a sus hijos en esta época a visitar a los Reyes Magos de los grandes almacenes, o al cine para ver películas navideñas (incluida la de Pesadilla antes de Navidad, que a mi hijo le encantó y a mí me dejó un no sé qué de desasosiego en el body)?

Ahora ya no detesto estas fiestas. Tampoco me gustan. Creo que me he suavizado. A lo mejor, me ocurre lo que decía Al Pacino en la película Carlito’s Way: “No es que maduremos con los años, sólo perdemos fuerza” (o algo así, que cito de memoria). El caso es que ya no se me revuelve la bilis cuando veo el mural luminoso del Corte Inglés, los adornos navideños o la invasión de turrones en el supermercado. Sólo me cabrean los anuncios de perfumes por cursis y porque al final, siempre susurra la marca una voz en off gangosa, como de alguien que habla con la boca llena de polvorones. Y me pongo de los nervios cuando entro en una tienda donde el sistema de megafonía no para de escupir los mismos villancicos una y otra vez (¿cómo aguantarán los dependientes sin pillar una depresión?). Por lo demás, he firmado las paces con las Navidades. Me lo paso bien preparando comiditas ricas para mi gente y disfruto cuando nos reunimos toda la familia y hacemos risas comiendo y bebiendo un buen vino. Y sólo deseo que podamos seguir juntándonos todos durante muchos años. Al fin y al cabo, eso es lo que importa. Lo demás es borrufalla.

Para ilustrar este post tan navideño un pequeño vídeo de Alvin y las ardillas:


Aunque el que más me gusta sigue siendo el de los renos cantores. Aplausos para el coro de renos, please:

jueves, 16 de diciembre de 2010

Blake Edwards

Hoy se ha ido otro de los grandes directores de cine del siglo XX, Blake Edwards, que además, es uno de mis favoritos. Resulta difícil quedarse con una sola película para colgar aquí una escena, porque este hombre igual dirigía comedias desternillantes como La Pantera Rosa o El Guateque, que hacía llorar al personal con un dramón como Días de Vino y Rosas o nos ofrecía una comedia de envoltura romántica, aunque amarga en el fondo, como Desayuno con Diamantes.

Bueno, pues como me encanta Desayuno con Diamantes, voy a colgar la escena del beso final bajo la lluvia. Ya sé, ya sé. La puse hace tiempo para ilustrar una entrada. Pero es que ese final romántico-lluvioso con fondo de pesimismo, que siempre me hace pensar en el futuro de esa pareja, cuando se les apague la pasión y sólo quede la frustración por todo aquello a lo que renunciaron para estar juntos, pues… es que es mi debilidad suprema. Verla es para mí tan gratificante como comer chocolate o ponerme morada de gominolas. Aunque esto por lo menos, no engorda.


Pero también hay que echar unas risas, que este hombre rodó grandes comedias y hasta sacó mucho partido del pirado de Peter Sellers. Aquí está la escena del camarero beodo de El Guateque. Por cierto, ¿quién no ha ido alguna vez a una fiesta en la que no conoce a nadie y se ha sentido como Peter Sellers en El Guateque? Yo lo llamo el momento Peter Sellers. Y no me diréis que no se pasa fatal.


De La Pantera Rosa recuerdo muchas escenas hilarantes, una de ellas la persecución de coches con los ocupantes de los vehículos enfundados en disfraces estrafalarios. Pero en YouTube no he encontrado ninguna de las que buscaba. Así que, cuelgo este número musical tan años sesenta. Atentos al coro de chicos que, vestidos con jerseys de cuello alto, se contonean al fondo tocando guitarras, acordeones y maracas. Impagables.



lunes, 13 de diciembre de 2010

¡Cómo hemos cambiado!

Ayer se cumplieron veinte años de la muerte de Concha Piquer. Su canción Ojos Verdes tiene un papel destacado en mi novela Días de menta y canela. También la de Tatuaje, una "maravilla de canción para escucharla cuando ardes de amor por un hombretón", como dice el personaje de Mark, el amigo gay de Clara Rosell. Aunque Tatuaje se puede escuchar en cualquier otra situación. Es de esas canciones que odias cuando eres joven y te empiezan a gustar cuando alcanzas cierta edad, por decirlo de un modo suave. ¡Cómo cambiamos!


miércoles, 1 de diciembre de 2010

EL DECÁLOGO DE VOLPI


Hoy he dado con un interesante artículo en El País, que recoge el decálogo impartido por Jorge Volpi en el ciber-taller de literatura desde la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En él, Volpi habla de temas muy interesantes y sumamente útiles – por no decir imprescindibles – para un novelista. Destaco los que más me han llamado la atención:

La estructura - claramente, el armazón sobre el que se sustenta una novela. Si no está bien ensamblada, la historia se puede derrumbar en cualquier momento. Con una buena estructura, sin embargo, podemos añadir o quitar lo que queramos sin provocar la hecatombe.

La voz narrativa – Volpi defiende la primera persona y dice que el narrador omnisciente está pasado de moda. Yo en esto no soy tan drástica. Pienso que la tercera persona es tan buena como la primera a la hora de narrar, sólo hay que elegir la voz narrativa adecuada para la historia que queremos contar, porque según cual escojamos, la novela podrá ganar en intensidad o quedarnos plana. Coincido en que el narrador omnisciente del siglo XIX, ese que se metía en la cabeza de todos los personajes y lo sabía absolutamente todo, está pasado de moda. Ahora ya no es tan sabihondo ni está por encima del bien y del mal. Por eso, creo que las novelas en tercera persona aún tienen cuerda para rato.

La corrección de los textos - Totalmente de acuerdo con Volpi en que corregir una novela es depurarla de todo lo que sobra. Que suele ser un lastre sin el cual, las historias funcionan mucho mejor.

El bloqueo - Ay, ese “famoso” bloqueo que nos preocupa a todos en algún momento, porque… ¿quién no se ha quedado atascado en algún punto de su novela, sin saber si merece la pena continuar o no? Incluso con la duda de si será capaz de seguir con esa historia y con esos personajes. Volpi propone dos opciones: “optar por el descanso y la lectura, o bien intentar escribir disciplinadamente hasta que algo valga la pena en realidad”.

Generalmente, a mí me suele funcionar muy bien la segunda opción, o sea, seguir escribiendo hasta que se me pase la tontuna. A veces, cuando reviso lo que escribí durante la sequía, hasta me llevo la sorpresa de que me salió algo bueno. Y cuando no es bueno, ya sé que no me queda otra que corregir, o incluso mandar esa parte a la papelera de reciclaje y desde allí, directamente al purgatorio del ciberespacio, pero al menos, he salido del atasco. Otras veces, en cambio, interrumpo la escritura y me dedico a revisar lo que ya tengo escrito hasta que recupero el aliento. También funciona.

Sólo he comentado aquí los cuatro puntos que más me han llamado la atención. Para quien desee conocer el resto del artículo, incluyo aquí el enlace:

La estructura de un libro, según Volpi

miércoles, 24 de noviembre de 2010

CAFÉ CON LETRAS EN ÁGORA CAFÉS ORÚS - LAS FOTICOS (y 2)


Más foticos...

Sentados: María Frisa, Juan Bolea, Lorenzo Mediano,
Marisa Beltrán, Fernando Rivarés y César Falo.
De pie: José Ignacio Acirón, del restaurante La Bastilla, y Arturo Gastón.


Para los que os gusten los mojitos:
El mojito de café que nos preparó José Manuel Romeo.
Estaba riquísimo.


Ya reunidos alrededor de la mesa:
Yo misma, María Frisa, Juan Bolea, Lorenzo Mediano, Marisa Beltrán, Fernando Rivarés, César Falo y Fernando Lalana.

En el otro lado de la mesa:
Fernando Rivarés, César Falo, Fernando Lalana, Paco Goyanes, Javier Marco, el delegado del Gobierno Javier Fernández que también es escritor, Ramón Acín, Julio Espinosa y Teresa Sopeña.

CAFÉ CON LETRAS EN ÁGORA CAFÉS ORÚS - LAS FOTICOS

Para poneros los dientes largos, cuelgo las fotos de la comida-coloquio en el espacio cultural Ágora de Cafés Orús, que me ha enviado muy amablemente Arturo Gastón. Muchas gracias, Arturo.

La foto de familia.


Abajo: Fotografía de los libros de los escritores invitados, que formarán
parte de la biblioteca de Ágora.



Abajo: Escuchando con atención las explicaciones del barista
José Manuel Romeo sobre cómo preparar un buen café.
José Manuel Romeo, Fernando Lalana, Marisa Betrán, Teresa Sopeña y Javier Marco

Servidora con Julio Espinosa, Ramón Acín, Paco Goyanes y Juan Bolea.

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL CAFÉ IDEAL



El café ideal es negro como el diablo, caliente como el infierno, puro como un ángel y suave como el amor.

Cita atribuida a Isak Dinesen


Esta cita, que algunos atribuyen a Isak Dinesen, aunque otros dicen que es un proverbio turco, tiene su razón de ser en la entrada de hoy. Y no sólo porque me gusta cómo suena. Ni tampoco porque soy una verdadera adicta al café (prueba de ello es que en mis novelas, los personajes no paran de atiborrarse de cafeína). Esta estupenda frase me sirve para hablar de la comida-coloquio muy cafetera a la que he asistido hoy en el espacio cultural Ágora de Cafés Orús, y que en esta ocasión iba dedicada a la literatura aragonesa y a la relación que han mantenido a lo largo del tiempo las letras y el café.


Ágora
fue inaugurado en junio de este año por la centenaria empresa aragonesa Cafés Orús en su fábrica de El Portazgo, con la idea de programar actividades culturales que girarán siempre en torno al café. Así que, cuando me invitaron a asistir a esta comida-coloquio dedicada al café y las letras, me puse muy contenta. Al fin y al cabo, para una cafetera como yo, participar en una comida elaborada con café por José Ignacio Acirón, el chef del restaurante La Bastilla, es el colmo de los colmos. Si además, los otros comensales son los escritores Javier Fernández, Juan Bolea, María Frisa, Lorenzo Mediano, Fernando Lalana, Teresa Sopeña, Ramón Acín, Julio Espinosa, y periodistas como Adriana Oliveros, y Fernando Rivarés y César Fanlo, además de Paco Goyanes de Librería Cálamo y, last not least, los organizadores del acto Arturo Gastón, Javier Marco y Marisa Beltrán, de Cafés Orús, ya es todo un lujazo.


La verdad es que cuando entré en Ágora, me sentí como Charlie en la fábrica de chocolate. Sólo que en lugar de chocolate (que también me priva), había café por todas partes. Para empezar, pudimos admirar una preciosa colección de cafeteras antiguas, una de las cuales había estado expuesta en tiempos en la cafetería Las Vegas y funcionó en su día con carbón. Después, un barista nos explicó cómo hacer unos mojitos de café, que luego degustamos y estaban riquísimos. A continuación, todos nos sentamos a comer alrededor de una gran mesa puesta con esmero. Los diferentes platos, elaborados con café, estaban buenísimos. Tanto, que aún salivo como los perros de Pavlov cuando me acuerdo del menú. La conversación no decayó en ningún momento. Hablamos, como suele decirse, de lo divino y de lo humano. De literatura, de gastronomía, de café (of course), de la maternidad y de infinidad de cosas más. El espacio Ágora está decorado con mucho estilo y resulta realmente acogedor. Estuve tan a gusto que a la hora de marcharnos, me volví a sentir como Charlie en la fábrica de chocolate, pero ya al final de la película, cuando se le acaba el recorrido por el paraíso de los sentidos. En este caso, un impresionante viaje por el mundo del café que se ha ganado un sitio preferente en mi memoria.


Colgaré foticos en cuanto las tenga.


Y para ilustrar este post, ¿qué mejor que una canción cafetera? Black Coffee, primero en la versión de Ella Fitzgerald y después, en la de Sarah Vaughan para comparar.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡SAPOS, NOOO!

La muerte de Luis García Berlanga me pilló fuera este fin de semana, por lo que mi entrada llega ya con un retraso considerable. Pero aunque esté todo dicho, no me voy a privar de dedicarle un post a este señor tan observador, mordaz y cargado de un humor muy, pero que muy negro (a la par que surrealista).


Me gustan todas sus películas. Unas más, otras menos, como suele ocurrir, pero creo que hasta sus trabajos “menores” son mejores que algunas cosas que nos venden por ahí como maravillosas. Mi favorita desde siempre es Bienvenido Mr. Marshall. Sigo tronchándome cuando veo a Pepe Isbert asomado al balcón de la casa consistorial y graznando eso de “Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación y esta explicación que os debo os la voy a pagar”. O cuando llega la escena del sueño del alcalde ante la inminente llegada de los americanos y Pepe Isbert irrumpe en un salón del oeste, disfrazado de sheriff y poniendo cara de mucha ferocidad. Y por cierto, ¿quién no ha imitado en alguna reunión familiar o de amigos - y con algunos tragos encima, todo sea dicho - la parrafada balconera de Pepe Isbert, mientras los demás se mueren de la risa etílica en sus sillas?


Creo que a los que ya tenemos cierta edad, las películas de Berlanga se nos han metido en la sesera y hasta en casa. En la mía, llamamos “sapos” a los langostinos desde que vimos a Luis Ciges rechazando el que le ofrecían unas damas caritativas en Plácido, esa película tan esperpéntica en la que las buenas gentes de una pequeña ciudad organizan un sorteo de pobres para que cada familia de bien pueda sentar a uno a su mesa por Nochebuena. Y claro, luego pasa lo que pasa: que los pobres les salen zafios, hacen ruidos sorbiendo la sopa y rechazan los manjares que les ofrecen.


- Tenga, un langostino.
- ¡Sapos, no! Que no me gustan.


¿Y qué decir de la escena de Vivan los novios en la que José Luis López Vázquez encuentra a su madre ahogada en la diminuta piscina de plástico donde un rijoso turista extranjero había retozado antes con sus dos amiguitas? Humor hiper-super-mega-negro, que diríamos ahora.

En fin, creo que sobran las palabras. Mejor cuelgo las escena del balcón y del salón de Bienvenido Mr. Marshall.



Y ésta de Plácido:

lunes, 8 de noviembre de 2010

Un poco de Bebo Valdés

Ando últimamente bastante liada con mi novela y tengo ésto algo desatendido. Lo sé. Y eso que tenía previsto colgar una serie de entradas sobre temas relacionados con la escritura. Pero cuando me despego del fichero de Word en el que estoy tecleando con ahínco, llevo la cabeza como un bombo y ya no soy capaz de discurrir nada que medio merezca la pena. Así que, la serie tendrá que esperar.

De momento, y para hacer más llevadero el lunes, cuelgo estos maravillosos temas de Bebo Valdés. ¿A que quitan cualquier pena que nos pueda atormentar?




viernes, 5 de noviembre de 2010

Días de menta y canela en Me Gusta Leer

Cuelgo esta reseña publicada hoy en la página de libros Me Gusta Leer. Desde aquí, muchas gracias.

Enlace de la reseña

Enlace de Me Gusta Leer

Me Gusta Leer en Facebook

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DIAS DE MENTA Y CANELA

Carmen Santos


Nosotros ya lo hemos leído...



Clasificación MGL - Novela

Edita Random House Mondadori - DEBOLS!LLO

En Facebook: http://www.facebook.com/profile.php?id=100001164560879

ISBN - 978-84-8346-062-7

Año 2007

Páginas 421

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BREVE RESEÑA: Novela narrada en primera persona que intercala dos tramas diferenciadas, una de ellas relacionada con la niñez y juventud de la protagonista y de sus andanzas por Alemania como hija de emigrantes, y la otra, ya como mujer madura que vuelve a Alemania como periodista para investigar una serie de hechos relacionados con uno de aquellos emigrantes que se quedó en Alemania hasta el final de sus días.

Un nuevo amor que abre las puertas de la protagonista a una nueva vida luchará contra el sentido común de permanecer con sus hijos y actual marido. Una duda que no se resolverá hasta el final, como la intrigante investigación periodística.

Una novela narrada con sencillez, tanto lingüística como argumental. Fácil de leer.

SINOPSIS: Nochebuena de 2003. El cadáver de un anciano emigrante español es hallado en una cochambrosa buhardilla de Düsseldorf. En España, Clara Rosell, una mujer madura que trata de abrirse camino como periodista tras años dedicada al cuidado de sus hijos, lee el suceso en un diario y recuerda los años en los que ella y su familia vivieron la emigración a Alemania. En ese momento siente la necesidad de investigar y escribir para su periódico la historia del anciano y las dudosas circunstancias de su muerte.


lunes, 25 de octubre de 2010

CITA PARA TIEMPOS DE CORRECCIÓN POLÍTICA

Una cita de Arturo Pérez-Reverte para estos tiempos en los que a veces pretendemos ser tan políticamente correctos cuando hablamos, que rizamos el rizo de las palabras y nos volvemos timoratos (por no decir bobos):

Lo despectivo no está en las palabras, sino en la intención con que éstas se utilizan. La buena o mala leche del usuario.

Enlace del artículo completo

En la ilustración: el políticamente incorrecto Capitán Haddock de Tintín. Eran otros tiempos. Hoy en día habrían pedido la retirada del cómic los vendedores de guano por sentirse ofendidos como gremio, los caníbales por alusiones racistas y los ectoplasmas... ¿de qué se quejarían los ectoplasmas?

miércoles, 20 de octubre de 2010

FERNANDO LALANA Y EL CERVANTES CHICO

El escritor aragonés Fernando Lalana ha obtenido el Premio Cervantes Chico 2010. Es autor de más de 80 libros y ya recibió en 1991 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.

Desde aquí, enhorabuena a Fernando por este nuevo reconocimiento.

(La fotografía la he tomado de la página del autor: www.fernandolalana.com)

martes, 19 de octubre de 2010

EL MOMENTO DE UN LIBRO

(Mujer leyendo de Pierre-Auguste Renoir)

Entre los comentarios que hemos intercambiado a raíz de la concesión del premio Nobel a Mario Vargas Llosa ha surgido un tema que, creo, merece una entrada propia: el momento de un libro.


Y es que para cada libro hay en nuestras vidas un momento mágico. El período de nuestra existencia en el que recibiremos una determinada historia con los brazos abiertos y le daremos una oportunidad para que nos guste. Y también están los momentos contrarios. La temporada chunga en la que todo nos sale mal, o estamos de bajón anímico, o simplemente con predisposición negativa hacia todo, y no nos entra por el ojo lo que nos cuenta determinado escritor, ni nos seduce su modo de narrar. A mí eso me ocurrió hace años con El siglo de las luces de Alejo Carpentier. La primera vez que intenté leerlo, a los veintipocos años, me aburrí soberanamente y no pasé de la página doce. En el segundo intento, ya en la treintena, me propuse leerlo hasta el final y la novela acabó hechizándome tanto que me dio pena acabarla. El libro era el mismo, pero no el momento vital que atravesaba yo, ni mi forma de ver las cosas, que había cambiado de una década a otra.


Los libros son como las personas. Con algunos tenemos química favorable, mientras con otros siempre será adversa, hagamos lo que hagamos. Pero incluso los libro que a priori nos podrían gustar por su temática y por su estilo, nos caerán fatal si nos acercamos a ellos en un mal momento. Igual que tantas personas a las que conocemos en un mal día y con las que ya será muy difícil entablar una buena relación después del mal comienzo, aunque podríamos haber congeniado.

jueves, 7 de octubre de 2010

AND THE WINNER IS...

El premio Nobel de este año ha sido para Mario Vargas Llosa, cuyo nombre no aparecía en las quinielas que suelen barajar los medios desde varios días antes. ¿Qué voy a comentar a estas alturas? Pues que me alegro, porque el premio ha ido a un autor que escribe en castellano (veinte años después de que se lo dieran a Octavio Paz), porque Vargas Llosa es muy bueno, porque siempre me han gustado sus novelas y porque después de tantas veces en las que se había quedado fuera, se lo merece.
(La fotografía es de Cristobal Manuel y la he tomado de El País)

lunes, 4 de octubre de 2010

BOTES QUE REMAN CONTRA LA CORRIENTE

Acabo de terminar El hotel New Hampshire de John Irving, que narra la historia de la familia Berry, de un viejo oso que atiende por el nombre de Estado de Maine, de su dueño, un judío austriaco llamado Freud, más un montón de personajes pintorescos a cual más estrafalario, teniendo como telón de fondo varios hoteles llamados New Hampshire. Una novela que reúne todas las características de la narrativa de Irving: personajes raros, situaciones a veces poco creíbles, pasajes que se tornan algo densos y, cómo no, un adolescente que es iniciado en el sexo por una mujer mayor que él. Pero… como Irving es un narrador de primera, siempre acabo perdonándole los caminos tortuosos por los que lleva sus historias y leo sus novelas enganchadísima hasta la última línea.

Sin embargo, no pensaba hablar hoy de Irving sino de finales. Concretamente de un final al que Irving hace referencia varias veces en este libro. El de El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, la novela que una estrafalaria radical de izquierdas austriaca lee en alemán a los hijos de la familia Berry en el Hotel New Hampshire de Viena. El final que evoca el personaje de Lilly, la niña que deja de crecer a los once años y se convierte en una escritora torturada por no creerse a la altura de lo que se espera de su literatura.

Porque dar con un buen final para una novela es tan difícil como hallar un comienzo que agarre al lector por el cuello y no lo suelte. Hay finales tristes que nos dejan con un nudo en el estómago, aunque después concluyamos que la historia no podía acabar de otro modo. Hay finales felices que nos reconfortan, porque nos resarcen de las frustraciones de la vida real. Los hay abiertos, que dejan en manos del lector el camino a tomar. Y luego están los que cierran las historias poniéndoles un broche de oro y esmeraldas. Los que resuenan una y otra vez en nuestra memoria con la tenacidad de un eco inextinguible. Los finales que envidiamos todos los que nos empeñamos en inventarnos vidas paralelas. Finales como el de El Gran Gatsby, una de las mejores novelas cortas que he leído jamás.

(En la fotografía: Robert Redford y Mia Farrow en a película homónima de 1974, dirigida por Jack Clayton)

Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros. Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y… un buen día…
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

Gatsby believed in the green light, the orgiastic future that year by year recedes before us. It eluded us then, but that’s no matter – tomorrow we will run faster, stretch out our arms further… And one fine morning…
So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

PARQUE GRANDE JOSÉ ANTONIO LABORDETA

¡Bien por el nuevo nombre de nuestro Parque Grande (antes Parque Primo de Rivera)!!! Desde ahora se llamará Parque Grande José Antonio Labordeta.




domingo, 19 de septiembre de 2010

HASTA SIEMPRE, LABORDETA

En memoria de José Antonio Labordeta, que falleció esta madrugada a los setenta y cinco años. Descanse en paz.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Otra reseña de Días de menta y canela

He dado por casualidad con la reseña de Días de menta y canela que ha publicado Mercedes García Granizo en el Heraldo del Henares. Desde aquí deseo darle las gracias por reseñar mi libro.

Copio la reseña a continuación:

Días de Menta y Canela, título fresco y aroma dulce para una novela de las mismas características, pues rebosa frescura y naturalidad, además trata unos temas muy reales y que están a la orden del día.

La verdad, creo que muchas mujeres nos podemos sentir identificadas con el personaje de Clara, llegadas a una edad que traspasa los cuarenta, hartas de niños, trabajos y marido, a quién no le gustaría vivir una historia apasionada de amor con un desconocido atractivo, que poco a poco nos enamorara y nos hiciera perder la noción del tiempo por unos días…lo que yo no sé si esto es realidad o ficción.

Desde luego en la novela esta historia ocurre con mucha naturalidad pero desconozco si esto se produce frecuentemente en la vida real, o tenemos más prejuicios y nos inunda el sentimiento de culpabilidad ante estas situaciones…

La trama está compuesta por varias historias que se dividen en diferentes temas, por una parte tenemos la infancia y juventud de Clara, personaje protagonista, en Alemania al lado de sus padres y su hermana, esta historia se entremezcla con su vida cotidiana y la convivencia con su marido, que a su vez se ve mezclada con los sentimientos que le despierta Héctor (joven atractivo entrando en la madurez que seducirá a Clara) y por último está la historia del padre de Héctor (el anciano muerto)…

Un sinfín de historias que atraparán al lector desde sus primeras páginas hasta la última.

La novela constantemente nos traslada de España a Alemania y tan pronto estamos en los años sesenta como en los tiempos de hoy en día, y trata uno de los temas tan tópicos y cotidianos como es la emigración a Alemania por parte de los españoles, y todo lo que conllevó este hecho.

Desde luego Carmen Santos, lo relata muy bien, parece una novela autográfica por la viveza y el realismo que tiene. Ideal para leer este verano en la hora de la siesta
.

Para ilustrar esta entrada, he elegido otra de las canciones que forman parte de la banda sonora de la novela: Et maintenant cantada por Gilbert Becaud.


lunes, 6 de septiembre de 2010

LIBREEE...

De momento me han liberado de la escayola (algo antes de lo que me dijeron en Figueres), aunque no de las muletas, que tendré que seguir usando por un tiempo, pero... menudo peso me han quitado de encima. Ahora toca recuperar el tobillo, aunque todo se andará.

(La fotografía la he tomado de gallus.blogia.com)

domingo, 5 de septiembre de 2010

TIEMPO DE VIDA

Hoy otra recomendación literaria. Se trata de un libro que me ha gustado mucho en este verano de lecturas compulsivas: Tiempo de vida de Marcos Giralt. No es fácil hablar de algo tan personal como el propio padre y el dolor que causa su ausencia tras su muerte, y salir airoso de un reto tan difícil. Pero Giralt no sólo ha salido airoso, también ha sabido convertir un relato que podría haberse quedado perfectamente en un desahogo personal - muy beneficioso para el autor, pero poco o nada interesante para el lector - en literatura de la buena, con reflexiones sobre la vida, la muerte, el arte, lo que se siente al crear, la relación de amor-odio que el artista (sea bueno o malo, tenga éxito o no) establece con la pulsión que le empuja a pintar o a escribir sin que pueda dejar de hacerlo.

La verdad es que no suelen atraerme los libros que prometen historias que intuyo muy autobiográficas. Pero éste me lo recomendaron encarecidamente y ha merecido la pena hacer caso. Tiempo de vida es un libro muy valiente, muy sincero, que en muchos momentos me ha conmovido y que me ha enganchado desde el punto de vista literario (aclaro: con ésto quiero decir que leí el libro entregadísima como si estuviera devorando una novela y que en cuanto al estilo me ha parecido muy bien escrito).

Desde luego, ha merecido la pena hincarle el diente.

martes, 31 de agosto de 2010

AMARCORD

Estoy estos días en plan de desempolvar a Fellini y Nino Rota. Hoy cuelgo aquí dos escenas de Amarcord, esa obra maestra del cine.

Primera escena: la de los zangolotinos bailando y soñando en el hotel vacío entre la ventisca:


Segunda escena: la del pueblo al completo - con su acordeonista, la más guapa del lugar, el ligón de cabello engominado y todos los notables - que se hace a la mar en botes para saludar al transatlántico Rex a su paso por la costa. Y, como suele ocurrir con lo que deseamos en la vida con tanta intensidad que hasta nos duele, el transatlántico pasa de largo llevándose sus lucecitas brillantes, que representan cada uno de los pequeños sueños de cada habitante del pueblecito costero.

viernes, 27 de agosto de 2010

UN POCO DE FRESCURICA

Hoy un poco de frescurica para combatir los rigores del calor, aunque sea con la imaginación. ¡Vaya nochecita de bochorno que nos hizo ayer! ¿Quién no se bañaría al estilo de la Ekberg en la Fontana di Trevi - o en las fuentes de la Plaza del Pilar, que pillan más a mano? Y si encima tuviéramos a un señor como Marcello Mastroianni admirándonos, mejor todavía.
Sin embargo, la cruda realidad es que nos toca refrescarnos virtualmente con estas imágenes de "La dolce vita".




martes, 24 de agosto de 2010

MALA PATA

Ya estoy de vuelta en casa después de unas vacaciones algo accidentadas y con escayola debido a una caída de esas tontas. Lo que llamamos vulgarmente un "culetazo". Hace dos semanas, llegamos tan contentos al hotel de Rosas, con la idea de disfrutar de la maravillosa playa de la Almadraba, una de esas pocas playas españolas que aún no han sido destrozadas por el cemento y el mal gusto y donde todavía se conserva la esencia de la Costa Brava más pura. Bueno, pues hasta la tarde, todo muy bien. Pero cuando faltaba poco para la hora de cenar, nos dio por salir a andar un poco por los alrededores del hotel. Llovía con moderación, el bar del hotel estaba lleno y se nos ocurrió hacer tiempo en el exterior. Lo justo para que mi marido pudiera fumarse un cigarrillo (ay, ese vicio) y mientras tanto abrieran el restaurante.

¡Craso error! Como llovía menos de lo que pensábamos, en lugar de quedarnos quietos, nos dio por pasear un poco bajo unos pinos. Y ahí fue donde la cagamos, por decirlo del modo más breve y claro. Resbalé con mis sandalias "fashion" (guapísimas, pero peligrosas, como pude comprobar) y me caí de culo, torciéndome el tobillo de paso. En lugar de cena, tocó ir a urgencias, donde se limitaron a inmovilizarme el pie con un vendaje apretado, me dijeron que no apoyara durante 48 horas y que volviera a la semana para quitarme el vendaje.

Cumplí a rajatabla lo de las 48 horas y al tercer día empecé a apoyar el pie con la ayuda de las muletas. Dolía, sí, pero pensé que era normal. Al fin y al cabo, los esquinces y las torceduras suelen doler, me decía, y seguía insistiendo en lo de caminar. Pero cuando, expirado el plazo, fuimos a que me quitaran el vendaje, llevaba el pie tan hinchado que me mandaron al hospital de Figueras para hacer una radiografía. Diagnóstico: fractura del peroné (a la altura del tobillo) y escayola para mes y medio. Más un chasco monumental, porque en ningún momento había perdido la esperanza de poder bajar algún día a la playa o a la piscina, aunque fuera ya al final de nuestra estancia en Rosas.

Encajado el chasco, la primera idea fue preparar el equipaje y volver a casa, pero tanto los dueños del hotel como el personal fueron tan atentos y amables con nosotros, que decidimos quedarnos. Puesta a desplazarme con muletas hasta en las distancias más cortas, al menos allí teníamos una hermosa vista a la bahía de Rosas, excelente comida y los mimos de la gente del hotel (que fueron todos encantadores, como nunca me cansaré de repetir).


Ahora estoy en casa al estilo de James Stewart en La ventana indiscreta, pero con menos tramo de escayola (afortunadamente) y sin patio interior de esos cotillos para espiar a los vecinos, así que no creo que de este infortunio salga una historia hitchcockiana. Con las articulaciones de los brazos doloridas por el uso de las muletas (nunca habría pensado que cueste tanto aprender a usar esos chismes; a mí se me da fatal), un botín de escayola que pesa un quintal y contando los días como esos presidiarios que van pintando rayitas en la sucia pared de su celda (es un decir; las paredes de casa están intactas).

Y esto es lo que hay. Aprovecharé el tiempo de reposo forzado para avanzar con mi novela usando el portátil, leeré los libros que tengo pendientes (muy pocos, porque estos días de "postración" estoy leyendo mucho) y me asomaré de vez en cuando a esta casa.

Por cierto, de los libros que he leído este verano, recomiendo encarecidamente:

La luna roja
, de Luis Leante (a este autor lo descubrí con Mira si yo te querré. Esta es la segunda novela suya que leo y, desde luego, no será la última).

También me ha gustado mucho La cinta roja de Carmen Posadas, una novela muy bien documentada que se desarrolla durante los años de la Revolución Francesa.

Como sin duda devoraré más libros, seguiré comentando.

domingo, 1 de agosto de 2010

DESCANSITO VERANIEGO

Como todos los años por estas fechas, bajo la persiana del chiringuito y me tomo un descanso de blog hasta septiembre. Portaos bien este verano (pero no demasiado, que gamberrear un poquito es bueno para la salud) y nos veremos por estos lares en septiembre. Mientras tanto, os dejo en compañía de Fred Astaire y Ginger Rogers en Flying Down to Rio. No es que vaya a volar a Río de Janeiro ni mucho menos (ya me gustaría, ya), pero es que este número tan kitsch de los aviones que sobrevuelan la ciudad, mientras sobre sus alas montones de chicas modernas (de la época, claro) hacen acrobacias y cantan y el fideo de Fred Astaire canta y da pasos de baile en tierra bajo la mirada atenta de señores regordetes en bermudas y calcetines hasta la rodilla... pues ¿qué voy a decir? Me priva esta escena y su música me llena de optimismo estival. Una es que tiene sus perversiones inconfesables, como la de disfrutar con las viejas películas de Fred y Ginger.

Au revoir.